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El Hugo

Algunos músicos chapines conocemos al sonidista Hugo, uno de los mejores para música latinoamericana. El Hugo es buena onda, pero es un pajerazo y medio. No le podés contar vos algo que él siempre te sale con una historia más fantástica y más increíble. Por ejemplo, si vos le contás que anoche te cogiste a una chava y que estuvo fenomenal, el Hugo te tomará el brazo izquierdo con su mano derecha, arqueará la ceja izquierda, inclinará levemente la cabeza hacia atrás, y te dirá: “Eso no es nada.” Y te contará de una orgía fantástica en su época de adolescente, con todo lujo de detalles. Su intención es hacer que tu historia parezca una mierdita sin trascendencia apabullándote con otra mejor.

El Hugo siempre tiene los cuates más ricos, los más drogadictos y los más pervertidos. Ha participado en cultos satánicos, ha visto los conciertos de rock más espectaculares, ha conocido a un montón de famosos y ha viajado por todo el mundo. No importa que vos tengás tu mejor historia, el Hugo siempre te la superará.

¿Qué es lo que pretende la gente como el Hugo? ¿Hacer que nosotros nos sintamos mal y hasta fracasados? No es justo, por ejemplo, que yo escriba aquí la mejor anécdota de toda mi putrefacta existencia y venga un comentarista tipo Hugo y me haga sentir que no he vivido nada contándome algo totalmente estratosférico. Porque uno trata de escribir apegado a la realidad sin inventar casi nada y de primas a primeras te cae un Hugo que te arruina todo el trabajo.

Por tal motivo, en este blog queda prohibido escribir comentarios creativos, anécdotas geniales que superen al post, o cualquier cosa parecida y pretenciosa.




Relatos populares


La venganza

Ester fue despedida por un error suyo en las cuentas que manejaba, error que despertó la desconfianza de su jefe y del dueño de la empresa. Ella sabía que era perfectamente comprensible porque su atenuante era demasiado inverosímil, aunque no por ello mentira. Su jefe la citó en su oficina y le explicó los motivos y hasta fue cortés y amable con ella, pero de todos modos no podía sentirse bien, quién puede en estos casos. Conteniendo las lágrimas salió de la oficina del jefe, arregló sus cosas delante de sus compañeros de trabajo y salió de la empresa. La tarde preciosa que la esperaba afuera le sirvió de consuelo, mientras en el camino a casa, en la misma camioneta 72 de todos los días, pensaba en quién diablos la iba a contratar ahora, la situación en Guatemala está jodida. Como siempre ha estado y estará.

Una tarde en el parque

En la banca del parque de la colonia está sentada una pareja de esposos que mira jugar en los columpios a sus dos hijos. Es una tarde agradable. Están sentados a la par y en silencio. No se tocan. Los dos tienen una expresión satisfecha en el rostro. El marido hace una pregunta.

Los resucitados

Mi tío Luis, el sepulturero del pueblo, fue el primero que se dio cuenta de que la gente estaba resucitando. Temprano del día, de madrugada todavía, escuchó golpes en una de las tumbas de uno de los mausoleos más grandes del cementerio. Pensó que era un animal atrapado, pero luego escuchó la voz de una mujer. Sin pensarlo ni asustarse usó el pico, rompió la lápida y la pared del mausoleo, sacó la caja y liberó a la primera resucitada.