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Lecciones de español

Aprovechando la audiencia internacional de este blog, vamos a tratar de culturizar a los lectores, enseñándoles algo de buen español. Es generalmente aceptado que el mejor español se habla en Guatemala. Muchos expertos de la lengua castellana han venido ha hacer sendos estudios que lo demuestran. En su libro Hablando bien el Castellano, el insigne lingüista Rodrigo de la Cerda acepta que muy a su pesar, Guatemala tiene el más alto nivel en cuanto al ejercicio de la lengua española se refiere.

Los guatemaltecos sin embargo, como somos muy tímidos, no les hacemos ver a los demás hispanohablantes que deben aprender cómo se habla bien nuestro idioma. Por tal motivo inauguramos hoy la sección “Lecciones de español”, que será tal vez la mejor contribución de esta humilde página a la humanidad. Empezaremos hablando del tan versátil si pues. En lugar de decir el inaceptable e inadecuado ajá, los chapines decimos si pues. Este par de palabras no sólo se puede utilizar para este objetivo, como podemos observar en los siguientes ejemplos:

Ejemplo 1:

—Fijáte que ayer se murió mi perro y estoy muy triste.
Si pues (dicho en tono condescendiente, pero pensando en otra cosa y mirando hacia otro lado)

Ejemplo 2:

—Te juro que te llamé para avisarte que no iba a llegar.
Si pues (con una mirada furibunda y asesina).

Ejemplo 3:

—Ayer tuve quinimil visitas a mi blog y estoy en el top500 de bitácoras.com.
Si pues (fingiendo admiración, sorpresa, credulidad y aprobación).

Como habrán observado el si pues es mucho más elegante y se entiende mejor. Es como un comodín del idioma castellano que cubre muchas situaciones. Lamentablemente, muchos extranjeros (ignorantes por supuesto) hacen mofa de esta frase. Confío en que ustedes, queridos lectores, pongan en práctica dicha frase para mostrarle al mundo que las personas cultas sí nos sabemos expresar bien.

Muchas gracias por su atención. Hasta la próxima.


Relatos populares


La venganza

Ester fue despedida por un error suyo en las cuentas que manejaba, error que despertó la desconfianza de su jefe y del dueño de la empresa. Ella sabía que era perfectamente comprensible porque su atenuante era demasiado inverosímil, aunque no por ello mentira. Su jefe la citó en su oficina y le explicó los motivos y hasta fue cortés y amable con ella, pero de todos modos no podía sentirse bien, quién puede en estos casos. Conteniendo las lágrimas salió de la oficina del jefe, arregló sus cosas delante de sus compañeros de trabajo y salió de la empresa. La tarde preciosa que la esperaba afuera le sirvió de consuelo, mientras en el camino a casa, en la misma camioneta 72 de todos los días, pensaba en quién diablos la iba a contratar ahora, la situación en Guatemala está jodida. Como siempre ha estado y estará.

Una tarde en el parque

En la banca del parque de la colonia está sentada una pareja de esposos que mira jugar en los columpios a sus dos hijos. Es una tarde agradable. Están sentados a la par y en silencio. No se tocan. Los dos tienen una expresión satisfecha en el rostro. El marido hace una pregunta.

Los resucitados

Mi tío Luis, el sepulturero del pueblo, fue el primero que se dio cuenta de que la gente estaba resucitando. Temprano del día, de madrugada todavía, escuchó golpes en una de las tumbas de uno de los mausoleos más grandes del cementerio. Pensó que era un animal atrapado, pero luego escuchó la voz de una mujer. Sin pensarlo ni asustarse usó el pico, rompió la lápida y la pared del mausoleo, sacó la caja y liberó a la primera resucitada.