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Por tu culpa Og Mandino

Fui a una feria del libro a comprar algún título de los clásicos porque soy un lector que va a la segura. Pero antes de que lograra ver algún stand, se acercó un vendedor locuaz que me empezó a bombardear con frases pre-hechas para venderme un curso de lectura rápida. A pesar de que le dije que sabía del tema, vendedor locuaz siguió con su estrategia tal y como se la enseñaron en su curso de ventas.

Por una mezcla de curiosidad y culpa por la energía que derrochaba vendedor locuaz, accedí a hacerme la prueba de medición de velocidad, que salió entre los límites de lo normal.

—¿Usted sabía que puede llegar a leer un libro de 300 páginas en 30 minutos? —pregunta vendedor locuaz.

—Si así fuera, sería un super lector —respondí, dándome cuenta que se venía lo peor.

—Así es José Joaquín, con nuestro método usted podrá hacerlo con una comprensión del 100%.

—Ok.

—¿Sabía que sólo el 3% de gente de Latinoamérica lee más de 1,500 palabras por minuto con 100% de comprensión?

—Es una cifra muy alta, si en Latinoamérica hay 800 millones de personas, significa que 24 millones leen a esa velocidad —observé—. En una región donde hay mucha pobreza me parece extraño. Aún en una población universitaria no creo en esa estadística.

Locuaz se vio un poco confundido, y contestó inventando que eran estadísticas de gente que había recibido su curso. Pero nuestro querido locuaz no estaba dispuesto a darse por vencido y siguió evangelizándome:

—Usted seguro que quiere superarse.

—(Nooo, yo quiero quedarme en la misma miseria en que estoy) Por supuesto, todos lo queremos.

—¿Sabía que usted puede ganar más dinero si puede leer más rápido?

—Eso no depende de leer más rápido o no. Son otras cosas las que van en juego.

—Pero leyendo más estará más educado y mejor preparado y por lo tanto tendrá mejores aspiraciones —contraatacó locuaz—.

—Depende de lo que leás. Si leés basura no lo vas a estar.

—¿Cuántos libros leyó el año pasado? —preguntó locuaz cambiando de tema.

—Cuatro.

—Si usted hubiera leído 30 libros, estaría más educado. ¿No es cierto?

—Como te dije, no necesariamente.

—Claro, leyendo novelas nadie se va a educar…

Así continuó locuaz por diez minutos más, cumpliendo a cabalidad con cada uno de los puntos de su curso de ventas. Al fin, después de mucho esperar me hizo la última pregunta:

—En escala de 1 a 10, ¿qué interés tiene usted en el curso?

—Depende del costo y el tiempo, además no sé por qué se tiene que medir de uno a diez una pregunta que se debe responder sí estoy interesado o no estoy interesado —dije un tanto cansado de la perorata.

—Pero necesito saber en escala de 1 a 10 cuánto interés tiene —contestó locuaz mecánicamente, con evidente peligro de que sus neuronas entraran en conflicto.

—Sigo sin entender. A mí si me interesa, pero necesito saber el precio y el tiempo del curso.

—Sólo dígame en escala de 1 a 10, qué interés tiene —repitió locuaz, desesperado.

—Está bien, cinco entonces.

—Entonces eso sería todo, necesito una puntuación más alta para continuar dándole información —dijo locuaz estrechando mi mano y mandándome olímpicamente a la mierda.

—(Ok locuaz, disfrutá tu victoria) ¿Y cuánto cuesta el bendito curso entonces?

—El curso tiene un costo de Q 12,000.00 —finalizó la plática locuaz, guardando su arsenal demostrativo en un cartapacio blanco, visiblemente molesto. De inmediato se paró y empezó a buscar una nueva víctima.


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