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Arrítmicos anónimos

No sé si alguno de ustedes se ha dado cuenta del problema social que representa la gente arrítmica en las fiestas y discotecas. Nunca falta el típico arrítmico congénito que saca a bailar a la chava más rica de la fiesta, y la pobre sin saber a qué se está metiendo, acepta. Y entonces empieza cristo a padecer. Todo mundo baila más o menos a ritmo, algunos con menos cintura que otros, pero a ritmo.

La música está pum-pum, pum-pum, pum-pum, pero arrítmico feliz (la más buenota le hizo caso) baila a más no poder con ritmo pim-pam-pum, pim-pam-pum, pim-pam-pum. Parece que está bailando una rola totalmente diferente de la que suena por las bocinas. La chava rica se da cuenta de su grave error al haber aceptado y mira para todos lados pidiendo auxilio con miradas suplicantes. Hasta el gordo rabo verde de su jefe hubiera sido preferible a este bailarín sin gracia y sin ritmo.

Este no es un asunto trivial, no se engañen. Muchos matrimonios han fracasado por la arritmia danzante, posibles romances han terminado después de la tercera canción. Debería haber alguna terapia para estas personas a fin de que lograran entender las bases de un baile simple que les permita no hacer ridículo en sociedad. En último caso, aceptar que no se podrá superar el problema y quedarse sentado en las fiestas.

Los hay algunos que, concientes de su problema, han cambiado de religión. “No bailo para no ofender a Dios”, dicen, pero en realidad han adoptado una solución elegante a su arritmia musical. De cualquier manera, hay que hacer conciencia de que el problema existe, no podemos seguir haciéndonos los locos o los desentendidos. Este post es el humilde aporte de esta página para que el tema deje de ser tabú y de una vez por todas se enfrente y se le encuentre solución.


Relatos populares


La venganza

Ester fue despedida por un error suyo en las cuentas que manejaba, error que despertó la desconfianza de su jefe y del dueño de la empresa. Ella sabía que era perfectamente comprensible porque su atenuante era demasiado inverosímil, aunque no por ello mentira. Su jefe la citó en su oficina y le explicó los motivos y hasta fue cortés y amable con ella, pero de todos modos no podía sentirse bien, quién puede en estos casos. Conteniendo las lágrimas salió de la oficina del jefe, arregló sus cosas delante de sus compañeros de trabajo y salió de la empresa. La tarde preciosa que la esperaba afuera le sirvió de consuelo, mientras en el camino a casa, en la misma camioneta 72 de todos los días, pensaba en quién diablos la iba a contratar ahora, la situación en Guatemala está jodida. Como siempre ha estado y estará.

Una tarde en el parque

En la banca del parque de la colonia está sentada una pareja de esposos que mira jugar en los columpios a sus dos hijos. Es una tarde agradable. Están sentados a la par y en silencio. No se tocan. Los dos tienen una expresión satisfecha en el rostro. El marido hace una pregunta.

Los resucitados

Mi tío Luis, el sepulturero del pueblo, fue el primero que se dio cuenta de que la gente estaba resucitando. Temprano del día, de madrugada todavía, escuchó golpes en una de las tumbas de uno de los mausoleos más grandes del cementerio. Pensó que era un animal atrapado, pero luego escuchó la voz de una mujer. Sin pensarlo ni asustarse usó el pico, rompió la lápida y la pared del mausoleo, sacó la caja y liberó a la primera resucitada.