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No al exceso de cita

A veces noto en columnistas de prensa y en blogueros más o menos inteligentes un exceso de cita a lo que otros han pensado. Y me viene a la mente lo que decía Confucio: “Lo que quiere el sabio, lo busca en sí mismo; el vulgo, lo busca en los demás.” Nada más cierto que eso. Parece que cuando no se les mueven las neuronas hay que acudir a lo que otros ya pensaron y simplemente citarlo y decir que estamos de acuerdo. Muy ilustrativo y adecuado el pensamiento de Freud: “Si dos individuos están siempre de acuerdo en todo, puedo asegurar que uno de los dos piensa por ambos.” Muchos en lugar de pensar por sí mismos acuden a gente que tiene algún tipo de autoridad y reconocimiento para que lo diga, evitándose la tarea de mover un poco el seso. Y luego, después de haber citado a otros cuates, los columnistas que se las llevan de pensadores creen haber hecho crítica, cuando lo único que han estado haciendo es repetir lo ya dicho antes. Sir Francis Bacon solía decir: “Quien no quiere pensar es un fanático; quien no puede pensar, es un idiota; quien no osa pensar es un cobarde.”

Termino esta breve reflexión con una cita de Robert Burns: “¡Ah, si nos fuera dado el poder de vernos como nos ven los demás! De cuantos disparates y necedades nos veríamos libres.”


Relatos populares


La venganza

Ester fue despedida por un error suyo en las cuentas que manejaba, error que despertó la desconfianza de su jefe y del dueño de la empresa. Ella sabía que era perfectamente comprensible porque su atenuante era demasiado inverosímil, aunque no por ello mentira. Su jefe la citó en su oficina y le explicó los motivos y hasta fue cortés y amable con ella, pero de todos modos no podía sentirse bien, quién puede en estos casos. Conteniendo las lágrimas salió de la oficina del jefe, arregló sus cosas delante de sus compañeros de trabajo y salió de la empresa. La tarde preciosa que la esperaba afuera le sirvió de consuelo, mientras en el camino a casa, en la misma camioneta 72 de todos los días, pensaba en quién diablos la iba a contratar ahora, la situación en Guatemala está jodida. Como siempre ha estado y estará.

Una tarde en el parque

En la banca del parque de la colonia está sentada una pareja de esposos que mira jugar en los columpios a sus dos hijos. Es una tarde agradable. Están sentados a la par y en silencio. No se tocan. Los dos tienen una expresión satisfecha en el rostro. El marido hace una pregunta.

Los resucitados

Mi tío Luis, el sepulturero del pueblo, fue el primero que se dio cuenta de que la gente estaba resucitando. Temprano del día, de madrugada todavía, escuchó golpes en una de las tumbas de uno de los mausoleos más grandes del cementerio. Pensó que era un animal atrapado, pero luego escuchó la voz de una mujer. Sin pensarlo ni asustarse usó el pico, rompió la lápida y la pared del mausoleo, sacó la caja y liberó a la primera resucitada.