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Bodas


Ayer llegó una invitación de boda. Un par de tórtolos enamorados van felices al matadero, pobrecitos. Para dar una idea de lo colgados que están uno del otro, adjunto a la invitación llegó un recuerdo de la boda: una bolsita de tela dorada que contenía un CD con sus catorce canciones preferidas, acompañado de una tarjetita titulada Nuestros Temas y la lista impresa. Al parecer el nuevo matrimonio es fanático de Juan Luis Guerra, quien domina su Top 14 con cuatro canciones. Manu Chao, Andrea Bocelli, Bacilos y Phil Collins también están incluidos en el disco.

La primera boda a la que me recuerdo haber asistido es la de mi hermana, cuando tenía tres años y medio. Yo era uno de los pajecitos y llevaba un traje café y cara de cachorrito huérfano. Apenas uno tiene un poco de tiempo viviendo en la Tierra y ya le están encomendando responsabilidades de sociedad. La iglesia era grande (años después descubrí que yo era el pequeño) y había bastante gente. Quise hacer un papel digno, caminé hasta el altar con la cabeza erguida y altiva, sosteniendo con firmeza y decisión el cojín con los anillos. Si no hubiera sido por un pequeño tropezón (alfombra tonta), mi papel habría sido perfecto y recordado de generación en generación. Lo importante fue que me levanté y seguí hasta el altar para cumplir con mi misión. No sin después terminar llorando en el regazo de mi mamá.




Relatos populares


La venganza

Ester fue despedida por un error suyo en las cuentas que manejaba, error que despertó la desconfianza de su jefe y del dueño de la empresa. Ella sabía que era perfectamente comprensible porque su atenuante era demasiado inverosímil, aunque no por ello mentira. Su jefe la citó en su oficina y le explicó los motivos y hasta fue cortés y amable con ella, pero de todos modos no podía sentirse bien, quién puede en estos casos. Conteniendo las lágrimas salió de la oficina del jefe, arregló sus cosas delante de sus compañeros de trabajo y salió de la empresa. La tarde preciosa que la esperaba afuera le sirvió de consuelo, mientras en el camino a casa, en la misma camioneta 72 de todos los días, pensaba en quién diablos la iba a contratar ahora, la situación en Guatemala está jodida. Como siempre ha estado y estará.

Una tarde en el parque

En la banca del parque de la colonia está sentada una pareja de esposos que mira jugar en los columpios a sus dos hijos. Es una tarde agradable. Están sentados a la par y en silencio. No se tocan. Los dos tienen una expresión satisfecha en el rostro. El marido hace una pregunta.

Los resucitados

Mi tío Luis, el sepulturero del pueblo, fue el primero que se dio cuenta de que la gente estaba resucitando. Temprano del día, de madrugada todavía, escuchó golpes en una de las tumbas de uno de los mausoleos más grandes del cementerio. Pensó que era un animal atrapado, pero luego escuchó la voz de una mujer. Sin pensarlo ni asustarse usó el pico, rompió la lápida y la pared del mausoleo, sacó la caja y liberó a la primera resucitada.