Bodas

Ayer llegó una invitación de boda. Un par de tórtolos enamorados van felices al matadero, pobrecitos. Para dar una idea de lo colgados que están uno del otro, adjunto a la invitación llegó un recuerdo de la boda: una bolsita de tela dorada que contenía un CD con sus catorce canciones preferidas, acompañado de una tarjetita titulada Nuestros Temas y la lista impresa. Al parecer el nuevo matrimonio es fanático de Juan Luis Guerra, quien domina su Top 14 con cuatro canciones. Manu Chao, Andrea Bocelli, Bacilos y Phil Collins también están incluidos en el disco.

La primera boda a la que me recuerdo haber asistido es la de mi hermana, cuando tenía tres años y medio. Yo era uno de los pajecitos y llevaba un traje café y cara de cachorrito huérfano. Apenas uno tiene un poco de tiempo viviendo en la Tierra y ya le están encomendando responsabilidades de sociedad. La iglesia era grande (años después descubrí que yo era el pequeño) y había bastante gente. Quise hacer un papel digno, caminé hasta el altar con la cabeza erguida y altiva, sosteniendo con firmeza y decisión el cojín con los anillos. Si no hubiera sido por un pequeño tropezón (alfombra tonta), mi papel habría sido perfecto y recordado de generación en generación. Lo importante fue que me levanté y seguí hasta el altar para cumplir con mi misión. No sin después terminar llorando en el regazo de mi mamá.