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Cosas que pasan

Una vez me puse a correr como loco en la universidad. Me tiraba al pavimento y me levantaba como si nada, no me dolía, volvía a tirarme y no me dolía. Parecía que tenía suficiente energía para correr eternamente, yo era el maldito supermán. Me reía puro idiota y seguía corriendo. Salí de la ciudad universitaria y me fui para la casa por el periférico, y seguía corriendo a toda velocidad, sin cansarme. Y me ponía enfrente de los trailers y justo cuando me iban a pegar me tiraba a un lado y los esquivaba y me reía de ellos puro loco. Y después seguía corriendo a toda velocidad, y no podía detenerme, de pronto tenía toda esa energía acumulada de años de estar bien portado atendiendo y haciendo caso de todas las reglas de la sociedad. Llegué a mi casa y no abrí la puerta, de un brinco me salté la pared y estaba adentro y entré y no había nadie ni nada, era sólo una casa vacía y entonces me puse a caminar por las paredes y el techo y hacía triples saltos mortales y me tiraba de cabeza y rebotaba y caía parado. Cuando me aburrí salí otra vez a la calle y corrí y corrí y empecé a angustiarme porque no me sentía cansado y no podía parar, cuándo se va acabar esto, pensaba. Ya cuando iba llegando a Antigua Guatemala, decidí parar y sentarme en una banqueta al lado de la carretera, a esperar que se desacelerara mi corazón, porque en una de esas podía explotar. Tomé una camioneta para regresar a la casa, y cuando llegué todo estaba de nuevo en su lugar, para mi alivio. Entré a mi dormitorio y dormí por los siguientes tres días.


Relatos populares

El taxista

Por el toque de queda hay pocas horas para trabajar y mucha competencia. Son las cinco de la mañana de un día domingo en plena pandemia. En el grupo de whatsapp de los taxistas todos empiezan a escribir. Casi todos dicen que está silencio.

El falso enfermo

Me endeudé con la tarjeta de crédito por mucho dinero. Al principio era para poder darme un respiro de los pagos y las deudas que tenía pero con el tiempo eso creció como espuma de cerveza cuando empecé a darme algunos gustos. Era tiempo de inventar algo diferente. Así que me enfermé de cáncer.

La mejor navidad de la historia

La víspera de navidad salí muy cansado de mi trabajo en el supermercado. Ese día no llegaron un par de compañeros, varios clientes me gritaron porque los precios no coincidían, perdí dinero en la caja y me corté un dedo cuando colocaba producto. Por el camino de regreso me encontré a un vendedor callejero que vendía unos carritos y recordé que no le había comprado regalo a mi hijo Sebastián de seis años.