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Cosas que pasan


Una vez me puse a correr como loco en la universidad. Me tiraba al pavimento y me levantaba como si nada, no me dolía, volvía a tirarme y no me dolía. Parecía que tenía suficiente energía para correr eternamente, yo era el maldito supermán. Me reía puro idiota y seguía corriendo. Salí de la ciudad universitaria y me fui para la casa por el periférico, y seguía corriendo a toda velocidad, sin cansarme. Y me ponía enfrente de los trailers y justo cuando me iban a pegar me tiraba a un lado y los esquivaba y me reía de ellos puro loco. Y después seguía corriendo a toda velocidad, y no podía detenerme, de pronto tenía toda esa energía acumulada de años de estar bien portado atendiendo y haciendo caso de todas las reglas de la sociedad. Llegué a mi casa y no abrí la puerta, de un brinco me salté la pared y estaba adentro y entré y no había nadie ni nada, era sólo una casa vacía y entonces me puse a caminar por las paredes y el techo y hacía triples saltos mortales y me tiraba de cabeza y rebotaba y caía parado. Cuando me aburrí salí otra vez a la calle y corrí y corrí y empecé a angustiarme porque no me sentía cansado y no podía parar, cuándo se va acabar esto, pensaba. Ya cuando iba llegando a Antigua Guatemala, decidí parar y sentarme en una banqueta al lado de la carretera, a esperar que se desacelerara mi corazón, porque en una de esas podía explotar. Tomé una camioneta para regresar a la casa, y cuando llegué todo estaba de nuevo en su lugar, para mi alivio. Entré a mi dormitorio y dormí por los siguientes tres días.


Relatos populares


La venganza

Ester fue despedida por un error suyo en las cuentas que manejaba, error que despertó la desconfianza de su jefe y del dueño de la empresa. Ella sabía que era perfectamente comprensible porque su atenuante era demasiado inverosímil, aunque no por ello mentira. Su jefe la citó en su oficina y le explicó los motivos y hasta fue cortés y amable con ella, pero de todos modos no podía sentirse bien, quién puede en estos casos. Conteniendo las lágrimas salió de la oficina del jefe, arregló sus cosas delante de sus compañeros de trabajo y salió de la empresa. La tarde preciosa que la esperaba afuera le sirvió de consuelo, mientras en el camino a casa, en la misma camioneta 72 de todos los días, pensaba en quién diablos la iba a contratar ahora, la situación en Guatemala está jodida. Como siempre ha estado y estará.

Una tarde en el parque

En la banca del parque de la colonia está sentada una pareja de esposos que mira jugar en los columpios a sus dos hijos. Es una tarde agradable. Están sentados a la par y en silencio. No se tocan. Los dos tienen una expresión satisfecha en el rostro. El marido hace una pregunta.

Los resucitados

Mi tío Luis, el sepulturero del pueblo, fue el primero que se dio cuenta de que la gente estaba resucitando. Temprano del día, de madrugada todavía, escuchó golpes en una de las tumbas de uno de los mausoleos más grandes del cementerio. Pensó que era un animal atrapado, pero luego escuchó la voz de una mujer. Sin pensarlo ni asustarse usó el pico, rompió la lápida y la pared del mausoleo, sacó la caja y liberó a la primera resucitada.