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La importancia de saber virar a la derecha

Después de los ensayos me toca ir a dejar en el carro a Pancracio y a su teclado Korg. Para llegar a su casa antes tengo que hacer un retorno en la carretera hacia la izquierda y luego cruzar a la derecha, en la única entrada a la colonia de Pancracio. Pero la vez pasada íbamos hablando de A y B y a pesar de haber hecho el retorno, no crucé a la derecha, así que tuve que ir a buscar un retorno para volver a hacer el retorno que nuevamente me pondría en camino a la entrada de la colonia de Pancracio, que como les dije está a la derecha.
Al llegar al punto de entrada, no obstante, no me sentí en capacidad de hacer el viraje a la derecha. ¿Y por qué no cruzaste?, me dijo extrañado Pancracio cuando pasamos de largo. Porque no sé por qué, le dije, simplemente no puedo virar a la derecha. Nuevamente hicimos el recorrido y esta vez Pancracio iba atento, y viendo que al parecer no podría virar de nuevo, intentó forzar el timón hacia la derecha, pero pude más yo y no lo dejé, así que otra vez fuimos a buscar el retorno para regresar al retorno.

Al llegar de nuevo al punto de viraje, paré el carro, porque sabía que no podría hacerlo. Es decir, no podría virar a la derecha e ir a dejar a Pancracio y a su teclado a su casa. Como Pancracio no sabe manejar, teníamos dos alternativas. Una era llamar a algún amigo para que llegara a hacer el tramo final (alternativa que descartamos porque no llevábamos celular) y otra que Pancracio caminara con su teclado los cuatro kilómetros que faltaban. Optamos por la segunda alternativa. Pancracio se puso en camino, y a pesar de que no lo llevé hasta su casa, no se despidió molesto, sino más bien preocupado. Para regresar el carro a la casa, tuve que ir en camioneta por mi hermano, afortunadamente el carro todavía estaba allí cuando regresamos.

Al siguiente día fui con un psicólogo a que me explicara qué me pasaba y cómo volver a la normalidad. Me atendió muy amable, me dijo que es un nuevo mal que afecta a todos los que tenemos alguna tendencia anti-neoliberal, es decir, a los colectivistas perdedores, marxistas a ultranza, y en fin, a todos los que envidiamos a los empresarios competitivos y exitosos que hacen patria y que estudiaron en la Universidad Francisco Marroquín. Me dio una terapia que consiste en jugar una hora diaria con un Nintendo que tenga algún juego de autos, con su respectivo timón de mentiras, por supuesto. Virar a la derecha es lo mismo que virar a la izquierda, sólo que al revés, me explicaba. Sí, pero yo no puedo, replicaba yo.

Compré el bendito Nintendo pero no fue sino hasta ayer, después de dos semanas, que logré virar a la derecha. Poco a poco iré acostumbrándome a hacerlo rutinariamente y volveré a mi vida normal. La clave será, según me dijo el psicólogo, el apoyo de mi familia y amigos.




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