Ir al contenido principal

Santa Claus vrs. Reyes Magos

Pablo y José Joaquín platican por la malla que separa sus casas, un 25 de diciembre, en el siglo pasado:

—A nosotros nos trajo regalos Santa —dice Pablo.

—Santa Claus no existe —responde José Joaquín—, son tus papás los que te regalan los juguetes, ya despertá y crecé. Los que sí existen son los Reyes Magos y ellos sí traen buenas chivas, no cosas chafas así como tu Santa de porquería.

—¿Y cómo lo podés probar? Vos no sabés nada, a vos es el que te tienen engañado. Todo el mundo cree en Santa, sólo vos y tu hermano andan con esas muladas de los Reyes Magos.

—A ver, en Navidad se celebra el nacimiento del niño Jesús, ¿no?

—Simón.

—¿Y qué tiene que ver el gordo ese con Jesús, eh? ¿Era su padrino de bautizo o algo así?

—Pues para que veás, Santa Claus es el papá de Jesús.

—Si serás bruto, el papá de Jesús se llama José.

—¿Ah sí? ¿Y por qué no viene él y nos regala juguetes?

—Pues porque no tiene pisto. Los que sí tienen pisto son los Reyes Magos. Por algo son reyes y son millonarios y viven en un castillo. De tu Santa de porquería no se sabe de dónde saca el pisto.

—Él tiene su propia fábrica, así que no tiene que comprar los juguetes, mula.

—Eso sí es cierto, el otro día lo vi en la tele. Pero no viene teletransportado como los Reyes, tiene que usar un anticuado trineo y es imposible que reparta los juguetes a tiempo.

—Lo que su sucede es que con vos no llega, porque no creés en él.

—Bueno, ya dejáte de babosadas y enseñáme qué te trajo el viejo timbón ese.


Relatos populares

El taxista

Por el toque de queda hay pocas horas para trabajar y mucha competencia. Son las cinco de la mañana de un día domingo en plena pandemia. En el grupo de whatsapp de los taxistas todos empiezan a escribir. Casi todos dicen que está silencio.

El falso enfermo

Me endeudé con la tarjeta de crédito por mucho dinero. Al principio era para poder darme un respiro de los pagos y las deudas que tenía pero con el tiempo eso creció como espuma de cerveza cuando empecé a darme algunos gustos. Era tiempo de inventar algo diferente. Así que me enfermé de cáncer.

La mejor navidad de la historia

La víspera de navidad salí muy cansado de mi trabajo en el supermercado. Ese día no llegaron un par de compañeros, varios clientes me gritaron porque los precios no coincidían, perdí dinero en la caja y me corté un dedo cuando colocaba producto. Por el camino de regreso me encontré a un vendedor callejero que vendía unos carritos y recordé que no le había comprado regalo a mi hijo Sebastián de seis años.