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Descanso camionetero

Yo solía ser de los cuates que agarraban un lugar junto a la ventanilla de la camioneta y se dormían todo el camino. Estaba perfectamente sincronizado, siempre me despertaba una cuadra antes de mi casa. Pero ahora la cosa está difícil. Cuando vos subís a una camioneta el promedio de vendedores que se suben a gritar es de tres o cuatro, dependiendo de la ruta y de lo largo del trayecto. Aparte de los vendedores también se suben supuestos mareros y drogadictos rehabilitados casi amenazando si no das pisto, mujeres con bebés a cuestas (a veces prestados), niños que gritan coros evangélicos. Tené por seguro que siempre habrá alguien que te despierte.

Si no es un vendedor, es una señora embarazada casi punto de explotar la que no deja dormir. Te hacés el dormido un rato, con la esperanza de que alguien más le dé lugar, pero luego abrís un ojo y mirás que la mujer no se ha sentado, y entonces no te queda otra que darle tu asiento, porque tenés esa manía de querer ser buena gente para que los demás no te miren mal. Aunque para tus adentros maldigás a la preñada. Los ancianos de bastón, los ciegos y las señoras con niños pequeños, suelen causar el mismo efecto.

En ocasiones es el ruido del motor de la camioneta lo que truena como cuetes de navidad. Cuando está caminando es un ruidajal y cuando está parada (la camioneta) es una vibración que hace sonar las ventanas y que te pique la nariz. Por supuesto que está el infaltable brocha (o asistente administrativo del chofer) que regaña a los pasajeros, grita que atrás está vacío y dice que son tres las filas.

Pero si tuviste suerte de que nada de esto te perturbe, delante de vos estará una señora que está chismeando a gritos por celular. Que si a la fulanita la dejó el marido porque le descubrió su amante, que si el nene es el primero en su clase (el número de niños superdotados es casi infinito en estos tiempos), que si la zutanita es una creída porque ya no le habla después de que la ascendieron a jefa, que si el otro menganito está tan bueno que con él si le quema la canilla a su marido.

Ya nada es como antes. Ya no se puede dormir como la gente en las camionetas porque cada vez la gente se empecina más y más en que vos no descansés. Todo esto es producto, supongo yo, de la envidia que generaba el vernos a nosotros, los bellos durmientes, dormir plácidamente todo el camino. Es una injusticia más del sistema, ese sistema que por más que lo destruyan y lo vuelvan a hacer no se va a componer. Quiero desde aquí, desde este humilde rincón internético dedicado a las causas más sublimes y justas, hacer un llamado a la reflexión a la sociedad, para que nos devuelvan a nosotros, los dormilones, esas horas imprescindibles de descanso camionetero.




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