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Llaman a la puerta

Llego a mi casa, noto que olvidé las llaves y entonces toco el timbre. Mamá responde por el intercomunicador y le digo que soy yo y me pregunta que quién yo y yo le digo que soy yo, José. Ella cuelga el intercomunicador y al parecer sale, pero el que abre la ventanilla de la puerta es un tipo igualito a mí. Qué mierda —pienso—, ahora viene esa historia de que yo no soy yo porque soy el clon de mí mismo y toda esa vaina de las películas de ciencia ficción. Mirá —le digo al cuate—, ya mismo te me vas a la verga si no querés que te taleguee y te haga arrastrado. El cuate se queda pensando y dice algo supuestamente inteligente para tratar de confundirme (al fin y al cabo es igualito a mí), pero lo que dice son puras muladas de chavo recién salido de la pubertad. Y hasta ese momento me doy cuenta de que el cuate soy yo pero hace quince años, y que para la situación extraña, estoy comportándome sereno (es decir, el otro yo, el chavito que atiende). Me despido y le deseo buena suerte, porque si me quedo es posible que no esté preparado para verme y perdonarme lo que fui.


Relatos populares

El motorista

Una noche salí tarde del trabajo. Mi papá me había prestado su camioneta agrícola, un carro viejo y duro. El mío se había descompuesto y tardaría una semana en el mecánico. Estaba muy cansado, estábamos haciendo el cierre y faltaba producto y dinero. A partir de cierto momento ya no se puede avanzar y decidimos continuar el siguiente día. Cenamos una pizza que devoramos y pareció más chica de lo que era. Al salir había un frío, escribí a mi esposa que ya iba en camino. Cada movimiento era en cámara lenta porque el cansancio de varios días de trabajo se había acumulado. Solo quería llegar a casa y dormir. Mañana sería otro día. Al salir iba en automático y no recuerdo haber subido al carro y salir a la carretera. Cuando estoy cansado manejo más despacio, por precaución. A medio camino a casa noté que me seguía una motocicleta. No me rebasaba a pesar de que iba lento. El motociclista iba solo con una playera, algo que me pareció extraño por el frío que había. No sabía desde cuándo me seg

El taxista

Por el toque de queda hay pocas horas para trabajar y mucha competencia. Son las cinco de la mañana de un día domingo en plena pandemia. En el grupo de whatsapp de los taxistas todos empiezan a escribir. Casi todos dicen que está silencio.

El falso enfermo

Me endeudé con la tarjeta de crédito por mucho dinero. Al principio era para poder darme un respiro de los pagos y las deudas que tenía pero con el tiempo eso creció como espuma de cerveza cuando empecé a darme algunos gustos. Era tiempo de inventar algo diferente. Así que me enfermé de cáncer.