Ir al contenido principal

Pastillas de cianuro


Agobiados por las penurias económicas, padre e hijo deciden suicidarse. Calcularon que con los seguros de vida que habían contratado, mamá podría pagar todas las deudas y continuar ayudando a la hija soltera en el cuidado del bebé que acababa de tener y que se merecía un futuro mejor que el que tenían ellos debido a sus irresponsables inversiones.

Ambos, padre e hijo, redactaron una nota póstuma en la cual explicaban a la madre sus razones altruistas y le indicaban que por nada del mundo la enseñara a la policía o a algún agente de seguros. El domingo anterior a la fecha del suicidio fueron a misa por primera vez en muchos años, se confesaron y comulgaron y pidieron perdón por lo que iban a hacer.

La madre, una dedicada catequista católica, no pareció darse cuenta de los planes de ellos, aunque se alegró de verlos en misa y dijo en sobremesa que había pasado mucho tiempo rogándole a Dios para que sucediera esto. Algo bueno estaba por pasar, todo estaba en los planes del Señor.

La noche en que van a efectuar el doble suicidio, padre e hijo hablan durante una hora y se convencen nuevamente de que lo que van a hacer está bien. El padre toma sus pastillas de cianuro y se va a su dormitorio. Pero el hijo no se las toma. Se queda en el comedor pensando en que su mamá se fue a acostar temprano, cuenta las pastillas de cianuro que quedan en el frasco y nota que hay menos de las que debería de haber.


Relatos populares

El taxista

Por el toque de queda hay pocas horas para trabajar y mucha competencia. Son las cinco de la mañana de un día domingo en plena pandemia. En el grupo de whatsapp de los taxistas todos empiezan a escribir. Casi todos dicen que está silencio.

El falso enfermo

Me endeudé con la tarjeta de crédito por mucho dinero. Al principio era para poder darme un respiro de los pagos y las deudas que tenía pero con el tiempo eso creció como espuma de cerveza cuando empecé a darme algunos gustos. Era tiempo de inventar algo diferente. Así que me enfermé de cáncer.

La mejor navidad de la historia

La víspera de navidad salí muy cansado de mi trabajo en el supermercado. Ese día no llegaron un par de compañeros, varios clientes me gritaron porque los precios no coincidían, perdí dinero en la caja y me corté un dedo cuando colocaba producto. Por el camino de regreso me encontré a un vendedor callejero que vendía unos carritos y recordé que no le había comprado regalo a mi hijo Sebastián de seis años.