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El tráfico a casa


A diferencia de muchos a mí me gustaba el tráfico en temporada de lluvia. El tráfico pesado es una especie de limbo en el que tus problemas se detienen; tu objetivo es salir de él y cuidar de no tener un accidente. También era el único espacio de tiempo en el que no peléabamos con mi ahora ex mujer. A veces hasta lográbamos platicar cordialmente.

Era llegar a casa y empezar a pelear. Nos quisimos mucho, pero después de que pasa el enamoramiento inicial si no tienes muchas cosas en común con tu pareja las cosas empiezan a caminar mal. Yo soy más de pasar tiempo en casa, ella es de salir, de visitar lugares, de nunca parar. Esa era una diferencia entre tantas otras. No lo supimos ver al principio, y así nos fue.

Los dos intentamos seguir juntos, pero creo que el que más intentó fui yo. Seis meses antes de que nos separáramos le comencé a escribir de nuevo largos emails en los que le contaba cada tontera que se me ocurría. Los últimos creo que ya ni los leyó.

Ella por su parte también lo intentó. Para mi cumpleaños invitó a toda mi familia y a mis amigos. La pasamos bien, pero cuando terminó la celebración y nos pusimos a limpiar la casa, ella lloraba. Lloraba mientras lavaba los platos, lloraba cuando recogió los vasos.

Nos separamos en agosto, hace tres años. Llovía mucho. El tráfico para llegar a casa era pesado; algunas veces acordábamos pasar a algún restaurante de comida rápida que quedara por el camino, a esperar que el tráfico fuera más fluido. En el tráfico parecía que podíamos ser de nuevo una pareja, pero sólo ahí lo parecía.

En una de tantas veces que pasábamos el tŕafico juntos, reímos mucho. Bromeamos sobre alguna cosa política y recordamos anécdotas en común, errores ridículos de los dos y tantas otras cosas. A mí me terminó doliendo el estómago de tanto reír. Ni antes ni después de esa vez reímos tanto. Dos meses después, yo me había mudado a un apartamento que queda cerca de mi trabajo.

Ahora ya no tengo que soportar el tráfico de regreso a casa. Regreso a pie, miro algo de televisión o redes sociales, ceno y me duermo. De tanto en tanto, cuando miro a una pareja sonreír en un carro, me acuerdo de esa época en la que sufrir el tráfico de la ciudad hacía de algún modo soportable la separación. Tal vez no todo el mundo quiere llegar pronto a casa, sobre todo si ya no quiere vivir ahí. Tal vez no todo el mundo odia tanto el tráfico como dice.


Relatos populares


La venganza

Ester fue despedida por un error suyo en las cuentas que manejaba, error que despertó la desconfianza de su jefe y del dueño de la empresa. Ella sabía que era perfectamente comprensible porque su atenuante era demasiado inverosímil, aunque no por ello mentira. Su jefe la citó en su oficina y le explicó los motivos y hasta fue cortés y amable con ella, pero de todos modos no podía sentirse bien, quién puede en estos casos. Conteniendo las lágrimas salió de la oficina del jefe, arregló sus cosas delante de sus compañeros de trabajo y salió de la empresa. La tarde preciosa que la esperaba afuera le sirvió de consuelo, mientras en el camino a casa, en la misma camioneta 72 de todos los días, pensaba en quién diablos la iba a contratar ahora, la situación en Guatemala está jodida. Como siempre ha estado y estará.

Una tarde en el parque

En la banca del parque de la colonia está sentada una pareja de esposos que mira jugar en los columpios a sus dos hijos. Es una tarde agradable. Están sentados a la par y en silencio. No se tocan. Los dos tienen una expresión satisfecha en el rostro. El marido hace una pregunta.

Los resucitados

Mi tío Luis, el sepulturero del pueblo, fue el primero que se dio cuenta de que la gente estaba resucitando. Temprano del día, de madrugada todavía, escuchó golpes en una de las tumbas de uno de los mausoleos más grandes del cementerio. Pensó que era un animal atrapado, pero luego escuchó la voz de una mujer. Sin pensarlo ni asustarse usó el pico, rompió la lápida y la pared del mausoleo, sacó la caja y liberó a la primera resucitada.