El gurú


Desde pequeño Sebastián tuvo una imagen de sí mismo agrandada. Me acuerdo de que jugaba a ser Jesucristo y que nosotros éramos sus discípulos. Siempre sabía cómo agradar a la gente, a quién podía manejar y a quién no. Bastaba con observar algunos minutos y ya sabía exactamente qué hacer. Éramos amigos porque vivíamos en el mismo barrio. Los demás y yo no le pusimos tanta atención a su habilidad manipuladora hasta que tramó venganza contra unos niños que lo molestaban en el colegio. Tenía 10 años.

Había dos niños que se burlaban de que era un poco bajito. La agarraron contra él y lo molestaban a todas horas. Cansado, una vez se dio a golpes con uno de ellos y le fue mal. Juró venganza. Su venganza fue hacerse amigo de un grupo de niñas de grados superiores, y decirles, llorando, que lo estaban molestando. Les pidió que un día a la hora de salida, armadas con bates de béisbol, le pegaran a los bullies. Lo hicieron, tal y como él lo había pedido. Uno de los niños estuvo en el hospital un par de días. Las niñas fueron llamadas a dirección y cuando les preguntaron el porqué al principio no quisieron delatar a Sebastián. Finalmente dijeron que él les había pedido golpear a los niños para vengarse. Y cuando lo llamaron a él para preguntarle, el negó haberles dicho nada a ellas. Ellas fueron castigadas y él salió sin consecuencias.

Su mamá se alarmó mucho y lo llevó con un psicólogo. Al principio funcionó, pero de adolescente Sebastián dejó los estudios y se hasta estuvo detenido por robos menores a tiendas. Cuando alcanzó la mayoría de edad, fue puesto en prisión por robar autos. Fue en la cárcel donde tuvo tiempo de afinar su estrategia para conseguir su propósito de ser un redentor idealizado. En esa prisión había una biblioteca con muy pocos libros, y leyó lo que pudo sobre espiritualidad y cómo influir en las personas. Con esas lecturas más su imaginación, Sebastián al salir libre ya tenía su plan.

Al salir decidió dejarse crecer la barba y empezar a usar lentes, aunque él no los necesitaba. Se bautizó como "Kamal." Convenció a un grupo de jóvenes que pacientemente reclutó. Ellos hicieron videos diciendo palabras, cual gurú de autoayuda. Me acuerdo haber visto uno de ellos y recordarme de cuando con nosotros jugaba a ser Jesucristo. Por terceros supe que había conseguido una casa grande con un terreno amplio y que ahí llegaban sus fieles. Uno de sus nuevos amigos ricos le había dado permiso.

Él no tenía perfiles de redes sociales, así que eran videos como salidos de la nada los que circulaban por por internet. Mezclaba cosas del cristianismo con el budismo y la promesa de mejorar tu situación actual a través de un método que te haría alcanzar tu máximo potencial. La meditación era una de sus herramientas para lograrlo. Por supuesto que yo, conociendo su pasado, además de que no estoy interesado en que alguien me diga qué hacer, no era público para él. No me parecía algo peligroso y entiendo que hay gente que necesita algún tipo de guía, algo en qué creer. 

Dejé de saber por un tiempo de Sebastián, ahora Kamal. Supuse que seguía en su tipo de culto. Un día uno de mis amigos de infancia, que lo había conocido también, me envió un enlace a una noticia. Un empresario joven que tenía una importadora de ropa y una cadena de tiendas había sido asesinado en su casa junto a su esposa. El asesinato fue brutal, a golpes y cuchilladas. La escena del crimen mostrada por los medios era un baño de sangre. A los dos días habían capturado a cuatro mujeres sospechosas. Las mujeres pertenecían al culto de Kamal.  

Probablemente el asesinato no habría sido investigado si no fuera porque la esposa del empresario era de nacionalidad estadounidense. Pasó poco tiempo antes de que las mujeres homicidas confesaran que quien las había enviado era su maestro Kamal. El empresario había sido parte de sus discípulos desde el principio y al parecer se había negado a seguir contribuyendo. Un Kamal encolerizado planificó el asesinato. Videos obtenidos de cámaras de vigilancia vecinas mostraban el auto de Kamal recogiendo a las mujeres luego del asesinato. 

El juicio no duró mucho tiempo y Kamal y sus seguidoras fueron condenados a cadena perpetua. Algunos videos circularon en redes sociales alegando su inocencia, pero las pruebas aportadas por el ministerio público eran contundentes. Surgió debate acerca de ese tipo de cultos o seudorreligiones que terminan en tragedias, pero no duró mucho. El tiempo todo lo sepulta.

Lo último que supe de Kamal era que algunos de sus fieles lo seguían visitando en prisión. Gracias a las contribuciones de ellos llevaba una vida relativamente acomodada. 

José Joaquín

Soy José Joaquín y publico mis relatos breves en este sitio web desde 2004. ¡Muchas gracias por leer! Gracias a tus visitas este sitio puede existir.

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