Archivo de: Junio, 2004
Qué onda muchá
Que onda, les saluda Walter. El Chepe Quincho me dijo que si quería escribir aquí. Y yo le dije, ta bueno manin, te voy a hacer ganas. Me cae bien el cuate, pero a veces creo que es medio loco. Sí, fíjense que él dice que esta cosa no es página de Internet sino que es un “bloc”. Y dice que esto de los blocs es una revolución y no sé qué jodidos más. Pero en fin, allá él y su rollo. No le hagan mucho caso.
Así como aquel, soy de Guatemala. Yo quiero mucho a mi Guatelinda y me gusta vivir aquí (entre otras cosas, porque no conozco otro país). La gente de Guate somos bien buena onda. Cuando tengan chance, dense una vueltecita por aquí. Es bien calidad.
Ayer fui al estadio
Como la cabra siempre tira al monte, a pesar de las malas experiencias, el José Joaquín iba alegremente ayer domingo a las 9 de la mañana al estadio para ver el partido Guatemala – Surinam.
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Octubre 1996
16 de octubre de 1996, 20 horas. Era el gran día. Guatemala se iba a enfrentar a Costa Rica en el inicio de las eliminatorias al Mundial Francia 1998. Mi hermano y yo habíamos decidido asistir al partido. Lo esperé media hora en la entrada principal, donde quedamos de juntarnos. Cuando llegó me enojé, porque dijo que quería esperar al Toribio, un su cuate que asistía por primera vez al estadio.
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Instrucciones para no hacer el ridículo con un famoso
Al existir la probabilidad de encontrarnos algún día con un famoso, debemos estar preparados para no hacer el ridículo y no molestarlo. Aparentar indiferencia sería algo cobarde, porque la verdad es que nos morimos por hablar con él, pedir un autógrafo y sacarnos una foto.
Aquí están las instrucciones:
1.- El famoso es humano como nosotros. Caga, se hace pipí, se pone nervioso, dice muladas a veces, hay gente que lo quiere y gente que lo odia, en fin. Debemos estar conscientes de eso, así no lo miraremos como un dios, sino como a un mortal que tiene prestigio.
2.- Una vez ya mentalizados, nos acercaremos a él con sigilo y tocaremos suavemente su brazo (puede ser el izquierdo o el derecho) y le diremos con suavidad que somos admiradores de su trabajo y lo felicitaremos. En ningún momento tenemos que dejar salir nuestra emoción desbordada, pero tampoco mostrarnos como indiferentes, porque eso ofende a los famosos.
3.- Si recibimos una muestra de indiferencia o de desprecio en el paso anterior, se descarta toda la posibilidad de comunicación y nos retiraremos dignamente, sin mostrar enfado.
4.- Si no percibimos rechazo, depués de adularlo un poco (no más de 20 segundos), procederemos a solicitarle la foto y el autógrafo.
5.- Agradecemos educadamente su gentileza, le decimos que seguiremos de cerca su carrera, y lo instamos a seguir adelante.
6.- Nos retiramos sin apresuramientos y cuando ya el famoso no pueda vernos, brincaremos y gritaremos de la emoción reprimida. No importa, el ridículo ya no lo verá el famoso.
¿Ven cómo es de fácil?
¿Qué parte no se entendió?
Un empleado que renunció de la empresa, me llama por teléfono para averiguar cuándo puede pasar por su cheque del salario que se le adeuda.
—Aló, ¿Hablo con José?
—Sí vos. Te espero después de las cuatro de la tarde.
—¿Entonces ya puedo pasar por mi cheque?
—Sí, pero después de las cuatro.
—¿Y a qué hora puedo pasar?
Fábula educativa
Cierta vez, Pepe y Polita decidieron ir a molestar a la casa del chico inteligente. Pensaron que mejor era ir disfrazados, para que el chico inteligente no los reconociera. Pero el chico inteligente los reconoció al instante, y decidió tirarles la puerta en la cara. Al fin y al cabo, Pepe y Polita no podrían quejarse, porque supuestamente ellos no habían ido a molestar.
A pesar del portazo, Pepe y Polita no entendieron la lección del chico inteligente y siguieron yendo a molestar con el disfraz puesto. El chico inteligente los atendió y los dejó protestar, para que se aburrieran y se fueran. Y he aquí que Pepe y Polita, al fin entendieron.
Por algo es el chico inteligente.
Pidiendo pisto
Llamo a un mi cuate para pedirle prestado:
Yo: —Qué onda vos, ¿cómo te va?
Mi cuate: —Que onda mano ¿cómo te va?
Yo: —Tranquilón vos ¿y vos?
Mi cuate: —Tranquilón.
Yo: —Y ¿que tal de chance?
Mi cuate: —Pues algo jodido vos, no hay chance.
Yo: —¿Y no que te había ido bien pues?
Mi cuate: —Pues sí, pero la mara no paga vos. Mala onda.
Yo: —Pa’ que jodidos. Esos pisados siempre hacen eso.
Mi cuate: —¿Vos no tenés cien pesos que me prestés?
