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Qué onda muchá

Que onda, les saluda Walter. El Chepe Quincho me dijo que si querí­a escribir aquí. Y yo le dije, ta bueno manin, te voy a hacer ganas. Me cae bien el cuate, pero a veces creo que es medio loco. Sí, fíjense que él dice que esta cosa no es página de Internet sino que es un “bloc”. Y dice que esto de los blocs es una revolución y no sé qué jodidos más. Pero en fin, allá él y su rollo. No le hagan mucho caso.

Así como aquel, soy de Guatemala. Yo quiero mucho a mi Guatelinda y me gusta vivir aquí (entre otras cosas, porque no conozco otro país). La gente de Guate somos bien buena onda. Cuando tengan chance, dense una vueltecita por aquí. Es bien calidad.


Se los digo porque ya me contó el Chepe que el 33% de los visitantes de esta página son españoles, otro 33% son argentinos y los demás son de Guate. Sí, de los 6 visitantes que entran aquí, 2 son de España, 2 de Argentina y 2 chapines (aquel y yo). O sea, como quien dice, que somos internacionales. Eso me llega.

Yo me gano la vida vendiendo shucos en la U. Pero soy limpio, así que ninguno que llegue a comer a mi caseta se enferma. Soy estricto con la calidad y el cliente siempre tiene la razón. Siempre que digo yo pues. Yo les alimento el cerebro a los estudiantes que mañana serán doctores, abogados e ingenieros.

Como el rollo aquí es contar las ondas que le pasan a uno, en los ratos que tenga chance, escribo algo y se lo mando al Chepe Quincho para que lo publique, porque a esto de las computadoras, yo no muy que le hago. Ni siquiera tengo eso que llaman emaíl.

Bueno muchá, me despido. Espero que me hayan entendido lo que dije. Buena onda.

Orale.




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La venganza

Ester fue despedida por un error suyo en las cuentas que manejaba, error que despertó la desconfianza de su jefe y del dueño de la empresa. Ella sabía que era perfectamente comprensible porque su atenuante era demasiado inverosímil, aunque no por ello mentira. Su jefe la citó en su oficina y le explicó los motivos y hasta fue cortés y amable con ella, pero de todos modos no podía sentirse bien, quién puede en estos casos. Conteniendo las lágrimas salió de la oficina del jefe, arregló sus cosas delante de sus compañeros de trabajo y salió de la empresa. La tarde preciosa que la esperaba afuera le sirvió de consuelo, mientras en el camino a casa, en la misma camioneta 72 de todos los días, pensaba en quién diablos la iba a contratar ahora, la situación en Guatemala está jodida. Como siempre ha estado y estará.

Una tarde en el parque

En la banca del parque de la colonia está sentada una pareja de esposos que mira jugar en los columpios a sus dos hijos. Es una tarde agradable. Están sentados a la par y en silencio. No se tocan. Los dos tienen una expresión satisfecha en el rostro. El marido hace una pregunta.

Los resucitados

Mi tío Luis, el sepulturero del pueblo, fue el primero que se dio cuenta de que la gente estaba resucitando. Temprano del día, de madrugada todavía, escuchó golpes en una de las tumbas de uno de los mausoleos más grandes del cementerio. Pensó que era un animal atrapado, pero luego escuchó la voz de una mujer. Sin pensarlo ni asustarse usó el pico, rompió la lápida y la pared del mausoleo, sacó la caja y liberó a la primera resucitada.