El tesoro de Pie de Lana

Por José Joaquín López

Capítulos ( 12345 y 6 )

UNO

—Estoy seguro que el tesoro de Pie de Lana está en la casa de doña Tina, la maestra. Todo será cuestión de convencerla para que nos deje hacer un par de hoyitos y sacarlo. Le tenemos que dar una su buena parte, porque ni modo que se quede sin nada. Pero te digo, ese tesoro está en joyas y oro, deben ser por lo menos un par de milloncitos de pesos —le decía el Tono al Tito en la cantina de doña Tona, después de acabarse el primer octavo de la tarde.

El Tono de repente, de un día para otro, un día de tantos, había empezado a ver el futuro y otras cosas. Le dijo un día al patojo de don Tin, el de la panadería, que no anduviera en bicicleta porque había visto que un camión le iba a pasar encima ese día, pero el patojo sólo se burló, como hacían siempre todos los patojos de la cuadra con el Tono, y siguió echándose los roles en la bici. Un rato después de estar dando vueltas, el patojo mula no se dio cuenta de que venía una moto toda despetacada. La moto se lo pasó trayendo, lo hizo dar tres vueltas en el aire y el patojo cayó en frente al camión de la Pepsi que estaba parado frente a la tienda de doña Gladis. El de la moto se levantó rapidito y se fue a la chingada. Cuando el patojo de don Tin salió del hospital, vino contando que el Tono le había predicho que lo iban a atropellar, que no había sido un camión (gracias a Dios), pero sí había caído frente a uno.

Después el Tono adivinó que don Juan, el mecánico, se iba a pelear con el amante de su mujer, un tipo que llegaba a su casa en carro y de tacuche todos los martes y los jueves a las tres de la tarde, cuando don Juan no estaba. Un miércoles el Tono le dijo al Tito, su fiel compañero de chupe, que don Juan se iba a echar riata con el entacuchado al día siguiente. El Tito se lo contó a don Pepe, el carnicero, quien se encargó de pasar el norte a toda la cuadra. Por eso es que toda la gente estaba afuera de su casa el jueves en la tarde, esperando que algo pasara. Y ocurrió que don Juan regresó de su chance porque se le había olvidado su cédula y necesitaba cambiar un cheque en el banco. Al llegar don Juan a su casa, se encontró a los dos adúlteros empelotados en plena interactividad reproductiva. Don Juan se puso furioso y los sacó, desnudos como estaban, a la calle, en medio de insultos y disparos al aire de su 38 especial. Alguna de las doñas sacó un par de sábanas y los amantes tuvieron que esperar escondidos en la tienda de doña Gladis a que don Juan se fuera a la mierda, en medio de todas las bocas abiertas de la cuadra. Al regresar a la noche don Juan, encontró la casa totalmente vacía.

A esos dos adivinamientos siguieron el de la muerte de don Chus y el casorio de la colocha del lote 23. A don Chus lo mataron unos mareros al quererlo asaltar dos días después de que el Tono le diera un abrazo de bolo con lágrimas en los ojos, despidiéndose. Algunos pensaron que el Tono estaba prediciendo su propia muerte. Qué decir de la sorpresa que causó el repentino casamiento de la colocha del lote 23, a la que todos los hombres de la cuadra conocían rebien, una semana después de que el Tono dijera en la panadería de don Tin que a la mara se le iba a acabar la fiesta un día de estos.

Por eso es que al Tono no le costó mucho convencer a doña Tina, la maestra, para que los dejara a él y al Tito cavar algunos hoyos en su casa para buscar el famoso tesoro de Pie de Lana. Doña Tina dudó al principio, pero fue ella misma la que le entregó la piocha y la pala, un viernes, a las once en punto de la mañana.


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