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Mosquito en la pantalla

Ayer estaba en internet y en el monitor de la compu había un molesto mosquito. Al principio pensé que iba a irse así nomás, pero el maldito no se movía de la pantalla, estaba justo encima de la x que cierra las ventanas y ya me estaba poniendo nervioso.

Hice un clic con el mouse para asesinarlo, pero se me escapó y terminé cerrando la página porno que tenía al frente. Voló un poco y se colocó encima de la pantalla de edición de este blog, cabal en el botoncito que dice “Publish”. Me hice el distraído, moví rápido el mouse para hacer clic y se me volvió a escapar, publicándose el post que estaba redactando en ese momento. Los que entraron ayer entre las cuatro y las cinco de la tarde habrán leído el post que al final borré porque era más decadente que el post promedio que se publica en esta página.

Después de varios intentos, logré matar al mosquito con un rápido y certero clic de mi mouse made in china cuando estaba parado en la página del FC Barcelona. Como me había estado picando, al destriparlo se hizo una pequeña mancha de sangre encima de la cara de Ronaldinho, mancha que limpié con una servilleta de papel.


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La venganza

Ester fue despedida por un error suyo en las cuentas que manejaba, error que despertó la desconfianza de su jefe y del dueño de la empresa. Ella sabía que era perfectamente comprensible porque su atenuante era demasiado inverosímil, aunque no por ello mentira. Su jefe la citó en su oficina y le explicó los motivos y hasta fue cortés y amable con ella, pero de todos modos no podía sentirse bien, quién puede en estos casos. Conteniendo las lágrimas salió de la oficina del jefe, arregló sus cosas delante de sus compañeros de trabajo y salió de la empresa. La tarde preciosa que la esperaba afuera le sirvió de consuelo, mientras en el camino a casa, en la misma camioneta 72 de todos los días, pensaba en quién diablos la iba a contratar ahora, la situación en Guatemala está jodida. Como siempre ha estado y estará.

Una tarde en el parque

En la banca del parque de la colonia está sentada una pareja de esposos que mira jugar en los columpios a sus dos hijos. Es una tarde agradable. Están sentados a la par y en silencio. No se tocan. Los dos tienen una expresión satisfecha en el rostro. El marido hace una pregunta.

Los resucitados

Mi tío Luis, el sepulturero del pueblo, fue el primero que se dio cuenta de que la gente estaba resucitando. Temprano del día, de madrugada todavía, escuchó golpes en una de las tumbas de uno de los mausoleos más grandes del cementerio. Pensó que era un animal atrapado, pero luego escuchó la voz de una mujer. Sin pensarlo ni asustarse usó el pico, rompió la lápida y la pared del mausoleo, sacó la caja y liberó a la primera resucitada.