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Cuidado con las rasuradoras

El viernes me corté groseramente con la rasuradora justo debajo de la fosa nasal izquierda. De la izquierda mía, no de la de ustedes. Me empezó a salir sangre roja, como la que me suele salir en estos casos. Después de algunos minutos de profusa hemorragia, dejó de salir.
Luego me senté en la computadora a ver mis correos electrónicos y en un movimiento que no entiendo, me pasé trayendo la herida y cayó una gota de sangre en el teclado, sangre roja, otra vez. Esperé que coagulara y salí para el trabajo. En la camioneta me fui parado y otra vez me pasé trayendo la herida, comprobándome a mí mismo lo torpe que soy. Una gota de sangre roja para mi desgracia cayó en el generoso busto que llevaba semidescubierto una sensual señorita que iba sentada del lado del pasillo y que volteó a verme con gesto de desaprobación. Yo tuve la intención de sacar mi pañuelo y limpiarle el área, pero me pareció que no era buena idea. Ella con el dedo índice de la mano derecha limpió la gota de sangre y a continuación se lo chupó, me voltéo a ver con el dedo todavía en la boca, y luego de sacarlo lentamente, me hizo un guiño y sonrió dejando ver sus blanquísimos colmillos de vampiresa. Sonreí nervioso, me disculpé torpemente y de inmediato me bajé del bus.


Relatos populares


La venganza

Ester fue despedida por un error suyo en las cuentas que manejaba, error que despertó la desconfianza de su jefe y del dueño de la empresa. Ella sabía que era perfectamente comprensible porque su atenuante era demasiado inverosímil, aunque no por ello mentira. Su jefe la citó en su oficina y le explicó los motivos y hasta fue cortés y amable con ella, pero de todos modos no podía sentirse bien, quién puede en estos casos. Conteniendo las lágrimas salió de la oficina del jefe, arregló sus cosas delante de sus compañeros de trabajo y salió de la empresa. La tarde preciosa que la esperaba afuera le sirvió de consuelo, mientras en el camino a casa, en la misma camioneta 72 de todos los días, pensaba en quién diablos la iba a contratar ahora, la situación en Guatemala está jodida. Como siempre ha estado y estará.

Una tarde en el parque

En la banca del parque de la colonia está sentada una pareja de esposos que mira jugar en los columpios a sus dos hijos. Es una tarde agradable. Están sentados a la par y en silencio. No se tocan. Los dos tienen una expresión satisfecha en el rostro. El marido hace una pregunta.

Los resucitados

Mi tío Luis, el sepulturero del pueblo, fue el primero que se dio cuenta de que la gente estaba resucitando. Temprano del día, de madrugada todavía, escuchó golpes en una de las tumbas de uno de los mausoleos más grandes del cementerio. Pensó que era un animal atrapado, pero luego escuchó la voz de una mujer. Sin pensarlo ni asustarse usó el pico, rompió la lápida y la pared del mausoleo, sacó la caja y liberó a la primera resucitada.