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El aniversario

La empresa para la que trabajaba cumplía diez años de fundada. En ese tiempo el dueño había logrado hacerla crecer hasta tener una cartera importante de clientes y más de cien empleados. En la fiesta de aniversario todo se descontroló y estuvo a punto de acabar muy mal.

Yo estaba encargado de compras y me dedicaba a comprar en el mercado local o fuera del país. Buscaba los productos que encargaban los clientes, cotizaba con proveedores y compraba. A veces son compra ventas de buen volumen pero de poca ganancia porcentual. No faltaba la pelea constante con el departamento de ventas que muchas veces ofrece cosas que no se pueden cumplir.

Con el personal de contabilidad me llevaba bien y hasta me hice novio de una de las encargadas. Ella estaba casada, así que lo teníamos como secreto. De esos secretos a voces que uno siempre niega. Thelma se llamaba. Era una mujer de 28 años, dulce y cariñosa. No podía tener hijos y eso a veces la ponía un poco triste.

Marvin, el gerente de ventas, era un tipo agradable pero un poco fanfarrón. Supongo que eso ayuda a las ventas, porque era muy bueno en eso. El problema es que de un día a otro se le metió que estaba enamorado de Thelma. No sabía o no se daba por enterado de que ella y yo andábamos juntos.

Así que empezó a enviarle flores y recados y a llamarla por cualquier cosa. Ella se hacía la desentendida y le insistía en que estaba casada pero el tipo no hacía caso. Yo no sabía si entrar al ruedo porque yo era el amante. Algunas veces le mencioné a Marvin, como quien no quiere la cosa, que Thelma no le haría caso, que dejara el asunto. Me mandó a la mierda.

Como no podía ser de otro modo, se enteró de que yo andaba con ella. Como pasa con los secretos a voces que se niegan de frente, la batalla se daba con indirectas y dardos en reuniones de trabajo. Su mirada directa y fulminante me mandaba al otro mundo cada vez que se dirigía a mí.

Marvin no solo quería a Thelma como amante, sino que juraba amarla y hasta le ofrecía matrimonio. Por momentos su insistencia daba pena ajena porque ella no correspondía.

Ella decidió terminar conmigo para estar tranquila y poder rescatar su matrimonio. No voy a decir que no me sentí un tanto triste, pero pensaba que algún día tenía que terminar y pues no era bueno forzar. Sin embargo insistí en regresar un par de veces.

Los chismes sobre nosotros sin embargo no cambiaron. Seguíamos en un ridículo triángulo amoroso en el que nadie andaba con nadie pero la gente prefería pensar que sí porque la realidad no es más que una historia aburrida.

A todo esto, llegamos a la organización del décimo aniversario de la empresa. El destino maldito decidió que los tres estuviéramos encargados de la organización. El dueño, que no se mantenía al tanto de los chismes, nos reunió un día y nos encargó la organización. Dio el presupuesto, algunas ideas y nos dijo que lo hiciéramos lo mejor posible.

Yo me encargué de buscar el hotel, Thelma se encargó de la música y Marvin de las actividades, premios y el licor. Tuvimos algunas tensas reuniones, pero sacamos lo mejor de nosotros porque al fin y al cabo necesitábamos el empleo.

En la última reunión de preparación de la fiesta, sin embargo, pasó algo. Todo iba bien y estábamos de acuerdo en todo, hasta que Marvin decidió hacer una declaración de amor ahí mismo, en la oficina de reuniones. Thelma permaneció sin mostrar emoción y cuando Marvin terminó de hablar le dijo que nosotros éramos pareja dentro de la empresa y que no le iba a hacer caso por ningún motivo. Yo la vi incrédulo y estuve a punto de negarlo, pero confirmé la información con la esperanza de que Marvin la dejara en paz al fin y se acabara todo eso.

La reacción de él fue serena, dijo que ya lo había escuchado pero no había querido creerlo. Salió del salón en silencio y dijo que nos veríamos al día siguiente, un viernes por la noche, en el hotel de la fiesta.

Aliviados los dos con Thelma fuimos después a un motel en donde la pasamos bien. Reímos de sus ridiculeces y de su insistencia. Al día siguiente ella iba hermosa, en un vestido rojo. Era la más guapa de la fiesta. Deseé casarme con ella y así se lo dije en cuanto pude. Ella solo sonrió coqueta, pero no respondió nada. El que no apareció en la fiesta fue Marvin. No nos preocupamos al principio, pero cuando ya todo el mundo estaba con sus tragos encima, comenzamos a preocuparnos. No respondía el celular, lo llamamos varios pero su teléfono sonaba apagado. Por lo sucedido el día anterior, era una mala seña.

Llegó finalmente, como a las once de la noche, totalmente borracho. Ingresó tranquilo, se sentó en una mesa con los vendedores y bebió varios tragos puros, uno tras otro sin parar.

De repente todo el mundo comenzó a gritar y a intentar salir. Varios borrachos cayeron. Marvin había sacado una pistola y comenzó a gritar que Thelma y yo éramos amantes y que le causábamos asco y que éramos malas personas, que traicionábamos la confianza de la empresa. La pistola subía y bajaba a medida que él gritaba. Me apuntó a mí en varias ocasiones y amenazó con tirar si yo intentaba salir.

Todo el mundo salió en menos de dos minutos y quedamos solos los tres en el salón de la fiesta. Ella intentaba calmarlo, yo permanecía quieto, esperando que sacara todo lo que tenía adentro y se calmara. La policía del hotel ingresó al salón y al verlos, Marvin se percató de la realidad, tiró la pistola al suelo y comenzó a llorar inconsolablemente. A pesar del susto y de la molestia me dio lástima.

La pistola no estaba cargada, dijeron después los policías. Al parecer Marvin quería asustarme después de la fiesta, no durante.

Después del incidente nos terminaron despidiendo de la empresa a Thelma y a mí. Estuvimos juntos durante un tiempo pero no volvió a ser igual y terminamos. A veces le enviaba yo un whatsapp que ocasionalmente contestaba con un saludo. Un día cambió de número y ya no volvió a responder.

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Hoy, 11 de marzo de 2019, cumplo 15 años de escribir en este blog. Gracias por leer. Puedes dejar un saludo en esta página.