La epidemia del sueño

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La epidemia del sueño atacó a San Jorge en marzo de 1996. Comenzó de un día para otro con tres enfermos. Solo había un síntoma, el infectado dormía noche y día. El primer afectado fue un hombre de 45 años, casado, padre de dos hijos menores de edad. Se había ido a dormir una noche y al día siguiente nadie lo pudo despertar para ir al trabajo. Despertó para ir al baño después de mediodía y se volvió a hundir en el sueño más profundo de nuevo.

Su esposa se preocupó seriamente al tercer día y llamó al médico del pueblo. El médico diagnosticó que era un episodio depresivo clásico de un trastorno bipolar. Recetó un antidepresivo fuerte para cuando despertara. El hombre apenas había hecho un par de comidas y bebido algo de agua. Cuando despertó lo hizo por el hambre y comió todo lo que pudo pero se volvió a dormir. Lo único que lo despertaba era el hambre, la sed o la necesidad de ir al baño. El antidepresivo no funcionó y el hombre siguió durmiendo. A la semana cayó dormido su hijo mayor de quince años con los mismos síntomas.

Después de estos dos primeros casos se reportaron cinco más durante la segunda semana. El médico del pueblo no tenía explicación. A la casa de varios de los afectados llegó el sacerdote y a otras llegó un pastor evangélico. Oraron por la recuperación de los enfermos. El alcalde del pueblo no se lo tomó en serio hasta que uno de los concejales cayó enfermo. Por más que lo intentó el mismo despertar no lo logró. Para la tercera semana eran ya 50 durmientes. La epidemia del sueño era real y nadie sabía explicar nada.

A los enfermos había que acostarlos de lado cuando despertaban para comer porque según el médico podían ahogarse en su propio vómito si se acostaban boca arriba. Había que bañarlos y a algunos que no se despertaban para hacer sus necesidades y había que limpiarlos.

El médico llamó a varios colegas en la capital pero nadie le creyó. Además nadie quería viajar seis horas en carretera para ir a ver algo que salía del delirio de un doctor de pueblo. El médico buscó entre sus libros y solo encontró una mención a una epidemia de insomnio que sucedió en Colombia a principios del siglo XX. El párrafo que lo mencionaba lo hacía como curiosidad y decía que no había habido registro oficial de la epidemia. Según el relato, las autoridades del pueblo en donde sucedió decretaron una cuarentena para evitar contagiar a forasteros.

El médico sugirió al alcalde una cuarentena local. Se prohibiría la entrada al pueblo de visitantes que no tuvieran que ver con comida y servicios básicos. A los que entraban se les invitaba a irse lo más pronto posible y no comer ni beber nada durante su corta estadía.

Los enfermos del sueño no mostraban otros síntomas así que nadie consideró necesario llevarlos al hospital departamental. El tratamiento que recomendaba el doctor era café cargado y huevos, pollo y carne para cuando los enfermos despertaran.

La epidemia del sueño afectó a la mitad de la población de San Jorge y duró tres meses. El primero en recuperarse después de mes y medio de haber estado dormido fue un adolescente de 14 años, que se levantó y fue a ver televisión como que si nada, pensando que se había ido a dormir la noche pasada. Cuando le dijeron que había estado dormido durante mes y medio no lo creyó. Fue hasta ver el calendario y la fecha en las noticias que cayó en cuenta de cuánto había dormido. El último en despertar lo hizo a finales de junio de 1996.

Poco a poco se fueron recuperando todos los enfermos y no hubo ninguna muerte. A los más grandes de edad les costaba un poco más y tenían dolores de cuerpo y de cabeza pero con el pasar de los días y la alimentación, aparte de buenas cantidades de café todo mejoraba.

Las actividades comerciales disminuyeron pero no en gran medida porque siempre había alguien despierto. La escuela nunca cerró porque siempre habían niños despiertos.

El médico documentó lo mejor que pudo todo lo que sucedió en la epidemia del sueño. Envió varias cartas y telegramas al ministerio de salud y a algunos colegas pero nadie le hizo caso. Una breve nota salió en una revista popular, a la par de un par de mujeres desnudas. Hubo un periodista que escribió una nota y que hizo un reportaje de la epidemia pero su medio no lo aprobó para publicación.

La epidemia del sueño de San Jorge se fue olvidando poco a poco y algunos de los que la padecieron incluso la llegaron a negar. Las notas del doctor desaparecieron después de su muerte.