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El falso enfermo


Me endeudé con la tarjeta de crédito por mucho dinero. Al principio era para poder darme un respiro de los pagos y las deudas que tenía pero con el tiempo eso creció como espuma de cerveza cuando empecé a darme algunos gustos. Era tiempo de inventar algo diferente. Así que me enfermé de cáncer.


Es decir, no me enfermé, fingí que me había enfermado.

El dinero plástico se puede estirar y estirar sin sentirlo y cuando te das cuenta estás hundido. Los intereses de las tarjetas de crédito siempre son altos, los adelantos de efectivo son tentadores. Es una trampa bien puesta. Por todos lados te invaden con publicidad de todo lo que puedes comprar y es difícil no gastar. Las redes sociales también te invitan a gastar. ¿No se mira delicioso ese plato de restaurante que compartió el instagramer de moda? ¿Esa pizza no está a una sola llamada de distancia?

La cosa es que me endeudé. Y tenía que ver cómo salía del agujero. Vi en la tele la historia de una muchacha que fingió tener cáncer para recolectar dinero. Me pareció buena idea, así que me puse manos a la obra. Trabajé en conseguir más seguidores en las redes sociales, les comentaba sus actualizaciones sobre su vida aburrida, como si de veras me importara. Cuando ya tenía más de mil en cada red social, después de un mes, decidí empezar mi estrategia de crowdfunding.

Crowdfunding es una bonita palabra en inglés para lo que en Guatemala llamaríamos coperacha. Las palabras extranjeras siempre suenan bien para darle aire de novedad a las mismas cosas de toda la vida. Publiqué en todas las redes sociales que me sentía mal, con mucho cansancio y sin hambre. Me recomendaron doctores, psiquiatras y psicólogos. Agradecí muy sentidamente todos los amables comentarios.

De selfis sonriendo y pasándola bien, pasé a fotos con poca luz y mi gesto desanimado, algunas veces con ojeras pintadas. Los seguidores estaban preocupados y me insistían en público y en privado que fuera donde el médico. Así que eso hice, fui con un médico que a su vez me remitió a un oncólogo y después de unos exámenes el resultado es que tenía cáncer. Sin tratamiento viviría seis meses o un año. Es decir, todo me lo inventé, pues. 

Luego entonces lo anuncié en las redes y dije que por unos días no publicaría. La ausencia es una buena estrategia para atraer atención, si no es prolongada, claro.

Recibí muchos comentarios y buenos deseos en público y en privado, incluso ofreciendo ayuda económica, que era a lo que quería llegar. Pedí entonces que me depositaran a mi cuenta, que no lo estaba exigiendo, pero quien quisiera colaborar con mi tratamiento de quimioterapia lo podía hacer.

Luego hablé con varios periódicos y radios y conseguí varias entrevistas. Lo sorprendente es que nadie me pidió detalles de mi enfermedad, yo estaba delgado y demacrado, ¿qué más pruebas querían?

Solo dos personas cuestionaron que yo pidiera dinero, pero nadie les hizo caso, yo solo los bloqueé de todas las redes.

Me volví un profesional en pedir dinero. Iglesias, organizaciones humanitarias, empresas, medios. Ayudaba bastante en que yo hice mi discurso basado en enfermos reales, que además comunicaban bien. Mi misión no era pedir dinero, era dar esperanza y proveer un discurso de autoayuda motivacional. 

Pagué mis deudas de tarjeta de crédito. Tuve cuidado de que no me miraran en restaurantes o lugares públicos. Acumulé una buena cantidad de dinero. 

Otros que hacen cosas parecidas a mí cometen el error de gastarse el dinero en diversión. Yo solo quería salir de deudas y asegurar varios años de no tener penas de dinero. 

Me desaparecí de redes poco a poco, hasta que se olvidara mi caso. Un año después nadie se recordaba. No me interesa reaparecer, tener la atención de los demás era un medio, no un fin.



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