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El motorista


Una noche salí tarde del trabajo. Mi papá me había prestado su camioneta agrícola, un carro viejo y duro. El mío se había descompuesto y tardaría una semana en el mecánico. Estaba muy cansado, estábamos haciendo el cierre y faltaba producto y dinero. A partir de cierto momento ya no se puede avanzar y decidimos continuar el siguiente día.

Cenamos una pizza que devoramos y pareció más chica de lo que era. Al salir había un frío, escribí a mi esposa que ya iba en camino. Cada movimiento era en cámara lenta porque el cansancio de varios días de trabajo se había acumulado. Solo quería llegar a casa y dormir. Mañana sería otro día.

Al salir iba en automático y no recuerdo haber subido al carro y salir a la carretera. Cuando estoy cansado manejo más despacio, por precaución. A medio camino a casa noté que me seguía una motocicleta. No me rebasaba a pesar de que iba lento. El motociclista iba solo con una playera, algo que me pareció extraño por el frío que había.

No sabía desde cuándo me seguía, tal vez desde que salí de la empresa. Aceleraba un poco y la moto seguía ahí, bajaba la velocidad y ahí seguía. Creí verle una pistola al cinto pero no estaba seguro. Si quería robarme la camioneta su plan era muy estúpido. Tal vez me confundía con alguien, y quería darme un susto. Pensé en detener el carro y que se chocara.

En todo caso me había despabilado. Decidí parar en una gasolinera. No sé por qué pero le hice señas al motociclista de que también parara. Paró conmigo, al bajarse de la moto subió las manos como asustado. Sin el casco parecía un hombre cansado. Me dijo que había perdido su chumpa, que había salido del trabajo tarde, cansado y que tenía mucho frío. 

Se había puesto atrás de la camioneta para no sentir tanto frío. Le dije que tomáramos un café en la tienda de conveniencia de la gasolinera. En la camioneta de mi papá había una chumpa vieja. Se la dí. En la tienda casi ni hablamos, estábamos muy cansados. Le di mi número de teléfono para que me devolviera la chumpa. No vi si lo apuntó.

Salí de la gasolinera rumbo a casa y al llegar ni siquiera llegué a la cama, me quedé dormido en el sofá de la sala. Al día siguiente me despertó mi hijo pequeño. Todavía cansado y con la boca pegajosa me levanté. Había que ir al trabajo.

El cierre de la empresa terminó a los dos días, justo para el fin se semana. A la salida del trabajo observé que la misma moto me seguía. Paramos en la misma gasolinera. El motorista me devolvió la chumpa de mi papá. Estábamos cansados los dos, había sido una semana larga. Bostezando nos despedimos. No sé a qué hora me puse la chumpa de mi papá. Amanecí con ella dormido en el sofá. 

Por la mañana cuando metí la mano en una de las bolsas saqué un papelito que decía "comprar la medicina del nene". Solo deseé que al compañero motorista no se le haya olvidado comprarla por el cansancio.




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