El enamorado

Ahorré la mitad de mi salario durante dos años sin una meta en particular. Cuando vi la cantidad en mi estado de cuenta me sorprendí. Era una cantidad de dinero que nunca había visto junta. Calculé que podía dejar de trabajar un buen tiempo así que fui y renuncié. Mi jefe se enojó porque ahora le tocaría buscar a alguien y entrenarlo y tenerle paciencia como la que me tuvo a mí. Pero bueno, ese era su problema. Al salir ese día de la oficina me sentí como cuando me regresaban del colegio porque no había clases.

Durante las semanas siguientes me levanté tarde y mandaba a traer comida rápida. No dejé de hacer limpieza en el apartamento porque una cosa es la vagancia y otra la suciedad. Vi series y películas y leí un par de libros. Antes de renunciar había decidido no meterme a ningún emprendimiento como hace mucha gente que renuncia de los trabajos. Si de todos modos el dinero se va a perder, es mejor disfrutarlo.

Un viernes me invitaron a ir a un bar nuevo. Al principio no quería ir porque estaba bien viendo series y películas y leyendo. El amigo que me invitó me dijo que irían un par de chavas interesantes. Fui al bar y la pasamos bien y conocí a la Adriana. Ya se imaginará el lector, este tonto se enamoró porque no tenía nada más qué hacer. Y así fue. Adriana no correspondió al enamoramiento al principio, pero teníamos una coincidencia, ella también había renunciado porque no soportaba su trabajo que además le había provocado ataques de ansiedad.

La invité a salir un par de veces, pero no aceptó. La recordaba bailando una canción de sonido de los 70s imitando algún baile del TikTok. Son los Metronomy, me dijo cuando le pregunté. La canción no estaba tan mal, algo dulzona y melosa, pero muy bien hecha según mis pobres criterios musicales. Al parecer había cortado con un novio hace poco, al que no llegó a querer.

A la tercera vez que la llamé para invitarla a salir, le dije que debería aceptar porque el mundo se iba a acabar. El calentamiento global, la guerra Rusia - Ucrania, la pandemia. ¿Qué perdía ella con salir una vez con un chavo tranquilo? 

Fuimos a un restaurante que tenía un jardín muy bonito. La pasamos bien. Tenía un gran sentido del humor. O sea, ¿me viste una vez y ya estás enamorado?, me dijo de repente. Me gustás mucho Adri, le dije, nada más. Nomás no te vayás a encular, chiquito, me dijo, entre risas. No te conviene. Lo intentaré, respondí. Por supuesto que ya para ese entonces estaba perdido. Terminamos en un motel donde entre risas hubo sexo. 

Después ella venía al apartamento a ver películas y series casi todos los días. Hicimos un road trip por varios departamentos. Era como una luna de miel. Fue memorable un amanecer en el lago de Atitlán abrazado a ella. Me preguntó que de qué estaba viviendo si no tenía trabajo. Algunos ahorros, le dije, ya no tardarán mucho en acabarse. Un día fuimos otra vez al bar en donde nos conocimos y sonó de nuevo la canción del primer día y ella bailó. Su pelo largo y liso se mecía muy alegremente. Su sonrisa, ayudada por algunos tequilas, brillaba en todo el lugar. Sí, me había enculado, a pesar de su consejo.

Pasamos unos tres meses muy alegres, por momentos algo locos. Ella entonces decidió regresar a buscar trabajo. Mientras seguía buscando todavía llegaba al apartamento. El día que encontró trabajo me invitó a cenar. Espero que no te hayás enculado, chiquito. Confesé que no había podido evitarlo. Inclinó su cabeza a un lado y sonrió, pero no dijo nada. Un fin de semana llegó al apartamento y se llevó todas sus cosas. Me dijo que gracias por todo, pero que era el momento de que cada quien siguiera por su lado. Será mejor que no me llames o envíes whatsapps, chiquito. Yo la miraba incrédulo. Cuando salí a la calle, había un carro esperándola.

Un dolor sordo se instaló en mi pecho por las siguientes tres semanas. Me puse a limpiar y pintar el apartamento, arreglé cosas de fontanería y cambié un tomacorriente que estaba en mal estado. Cuando se terminaron las tareas del apartamento, me puse a buscar trabajo hasta que encontré uno. Todavía tenía algunos ahorros. Un par de meses después la llamé por teléfono, pero no contestó. Cuando quise escribirle un whatsapp me di cuenta de que me había bloqueado. 



José Joaquín

José Joaquín López (Guatemala, 1974) es un escritor guatemalteco que publica sus relatos breves en su sitio web, Anecdotario.net, desde 2004.

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