El perro fiel


Una tarde salí a comprar pan a un panadería que quedaba cerca de mi casa. Al regresar un perro empezó a caminar a la par mía. Yo le hacía señas de que se fuera para otro lado pero no hizo caso. Cuando llegué a la puerta de mi casa se quedó esperando que abriera y al nomás abrir entró como si fuera su casa de siempre. Era juguetón y tenía energía, calculé que tendría un año o poco menos.

Esperé ver algún rótulo en la calle de alguien que lo estuviera buscando pero nunca vi nada. Mis papás no estaban muy contentos que digamos con que yo haya llevado un perro. Me nombraron encargado de él y por lo tanto yo tenía que limpiar sus cagadas y miadas. Me cayó tan bien que no me pesaba tanto la tarea. Además resultó ser muy inteligente, yo busqué un manual para perros y al poco tiempo ya hacía sus necesidades en un solo lugar, se sentaba al pedírselo y daba la pata amistosamente. Yo estaba de vacaciones del colegio así que pude dedicarle todo el tiempo posible.

Una tarde le dije varios nombres y cuando dije 'Coco' ladró dos veces. Coco te llamarás le dije y nos pusimos a jugar. Era muy bueno con la pelota, como esos perros de los videos de la playa. Con su hocico tiraba la pelota al aire justo donde yo estaba y yo se la regresaba de cabeza o con el pie. Cuando llegó el tiempo de ir al colegio, Coco me acompañaba a la parada de bus todos los días. Yo iba al colegio en transporte público. Por más que yo quería que se quedara, si le cerraba la puerta al salir se ponía a aullar y a llorar. Solo se tranquilizaba cuando salía conmigo. Al principio quería subirse al bus pero luego entendió que tenía que regresar a casa. Me contaban que se quedaba mirando al bus y cuando ya no lo podía ver regresaba a casa. 

Cuando yo regresaba del colegio estaba esperándome en la puerta de la casa. No sé cómo pero averiguó dónde me bajaba del bus de regreso a casa y cuando mi mamá se descuidaba salía a esperarme. Se hizo problema cuando yo no regresaba a casa a la misma hora o cuando por error me bajaba una parada después. Algunas veces me tocó irlo a traer a la parada donde me estaba esperando. Otras veces al ver que no llegaba regresaba solito a casa.

Una vez que me acompañó a la parada de bus cuando iba al colegio se pasó ladrándome todo el camino, como queriéndome decir algo. No te entiendo Coco, qué te pasa, le decía, y él seguía ladrando. Cuando llegué al colegio y llegó la hora de recreo me di cuenta de que se me había olvidado mi comida. Coco me lo había querido decir pero no le entendí. Al regresar a casa le dije que me disculpara pero que no había entendido.

Muchas cosas pasaron con Coco. Cuando salí del colegio y entré a la universidad siguió acompañándome a la parada del bus. Aprendí que cuando me ladraba había olvidado algo. Una vez, por ejemplo, olvidé las llaves y regresé a casa por ellas. Otra vez había olvidado mi billetera. No sé cómo se podía dar cuenta de esos detalles. 

Salí de la universidad y encontré mi primer trabajo. Me mudé con mi novia de ese tiempo y Coco se vino a vivir conmigo. Coco la aceptó muy bien a ella. Sin embargo no funcionó la relación y tuve que regresar a casa de mis papás. Estuve triste un tiempo. Lo que hacía Coco cuando me miraba triste era ladrarme invitándome a salir a la calle a caminar. Gracias amigo, vamos, le decía. Cuando le decía que no tenía ganas, insistía ladrando. Bueno, vamos, le decía.

Un día Coco resultó con tos. Lo llevé al veterinario y diagnosticó moquillo. Le di todas las medicinas que recetaron pero siguió empeorando. Apenas salía de su casa, tenía su mirada triste y comía poco. Flaquito, me daba lástima y hasta pensé en ponerlo a dormir. Una mañana amaneció muerto. Había vivido diez años conmigo. Estuve triste un tiempo y cuando ya me sentí mejor mandé a imprimir una foto que tenía de Coco y la colgué en una pared de mi cuarto. Lo extraño cuando salgo a pie y voy a la parada de bus o cuando olvido mis llaves.



José Joaquín

José Joaquín López (Guatemala, 1974) es un escritor guatemalteco que publica sus relatos breves en su sitio web, Anecdotario.net, desde 2004.

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