El trabajo

Cuando mi hija tenía siete años me despidieron de mi trabajo y las deudas se acumularon. Todos los días salía a buscar trabajo pero no encontraba. Siempre quedaban de llamarme y en algunas entrevistas pensé que me había ido bien pero la llamada no venía. Tenía un año de divorciado, mi ex se fue a vivir a Estados Unidos. Había prometido regresar por mi hija. Yo la verdad estaba mejor sin ella.

Mi hija se llama Vera . Durante el día la dejaba en casa de mi hermana y al salir del trabajo iba directo a traerla. Mi hermana me hacía el favor, pero la responsabilidad era mía. Afortunadamente, vivíamos cerca.

A veces me llevaba a Vera a buscar trabajo. La mejor compañía. Vera siempre fue tranquila, no recuerdo algún berrinche  suyo. Es la niña más dulce que conocí. Era mi motivación a ser mejor y a salir adelante. Todavía lo es.

Cuando miraba que estaba preocupado repetía una frase que escuchó en una de sus caricaturas: "Todo va a estar bien, papi". Yo respondía, sí, Vera, todo estará bien. Después de tres meses sin conseguir trabajo, el dinero de la liquidación se empezó a terminar. Vendí varias cosas de la casa, pero no miraba a dónde me podía mudar porque el apartamento ya era barato y pequeño. 

Tuve que empezar a pagar el mínimo de la tarjeta de crédito. A Vera le gustaba jugar de supermercado y pagaba con una tarjeta de crédito de juguete que venía en uno de los regalos de mi hermana. Las deudas subían y no se miraba por dónde había salida.

A los amigos y familiares les ofrecía ir a hacer sus pagos y trámites o a veces a hacerles mensajería. No tenía vehículo así que iba en transporte público. A mi hermana le reparé su lavatrastos y lavamos. No sabía cómo así que con videos de Youtube averiguaba. Hacía todo lo que iba saliendo por poco dinero que fuera, porque no estaba para despreciar ninguna oportunidad.

La familia me prestó dinero, pero no podía dejar crecer esa deuda también. Una de las veces que fui a casa de mi hermana, ella me dijo que estaba flaco, que me asegurara de comer bien. Si no comés bien, no vas a poder trabajar bien, dijo.

Una noche, después de acostar a Vera, me puse a llorar. Lo había intentado todo, me levantaba temprano, cocinaba en casa, enviaba correos electrónicos para pedir trabajo, iba a las entrevistas. No sé si la suerte me había dejado de lado.

Un día Vera me dijo que quería un pastel. Le expliqué que no tenía dinero, que no lo podía comprar, pero que le iba a comprar el mejor pan de Guatemala. Nos fuimos en un bus a una panadería del barrio donde viví de pequeño y le compré un pan que a mí me gustaba de niño. Ella sonriendo al probar el pan confirmó que era el mejor pan de Guatemala.

Al siguiente día Vera metió su tarjeta de crédito de juguete en mi billetera y me dijo que me comprara algo rico para mí. Se me llenaron de lágrimas los ojos. Ese día fui a donde un amigo que me dijo que probablemente había trabajo en su empresa, y que la paga era buena. El lugar de trabajo era cerca de mi casa. Después de varios meses de ir a todos lados, no iba con ilusión pero sí con esperanza. No puede uno darse por derrotado. En las entrevistas me fue bien.

Finalmente, tras dos días de espera, me dieron el trabajo. Recibí la llamada cuando iba de regreso del colegio con Vera. Le dije, Vera, ya tengo trabajo. Los dos nos alegramos y ella me recordó que me había dicho que todo iba a estar bien. Después de almorzar fuimos a la panadería a comprar el mejor pan de Guatemala. Con una gaseosa y el pan celebramos en un parque cerca de la casa. Era una tarde bonita de primavera.

Los primeros días fueron cansados porque había muchas cosas que hacer y aprender. Era responsable de una bodega. Hice lo mejor que pude poniendo atención y apuntando instrucciones para no olvidar. Por la mañana iba a dejar a Vera al colegio y después iba al trabajo, al mediodía y por la tarde me la cuidaba mi hermana y al salir del trabajo salía corriendo a traerla a casa. Le debo mucho a mi hermana. 

Hasta el primer pago de quincena tuve que administrar lo mejor que pude lo poco que tenía. Vendí la tele y mi guitarra. Le dije a Vera que por unos meses íbamos a ver películas de vez en cuando en el celular. Las películas las bajaba al celular desde el wifi de la oficina. 

Cuando llegó el primer pago de quincena quise abonarle algo a mi hermana pero no lo recibió. Entonces al siguiente día llevé una pizza para comer con mis sobrinos y Vera. Fui saldando varias deudas que tenía poco a poco. De lo que más me costó salir fue de la deuda de la tarjeta de crédito.

Al cumplir un año en el trabajo le dije a Vera que ahora sí podía comprarle un pastel y le pregunté de qué sabor le gustaría. Hoy no tengo ganas de pastel, me dijo, tengo ganas del mejor pan de Guatemala. Entonces fuimos a comprar el pan y después fuimos a casa de mi hermana. Al llegar donde mi hermana me dijo que ahora me miraba bien, y que parecía que había aumentado de peso.

A veces me llevo a Vera al trabajo, previo aviso a mi jefe. Ella se sienta en mi escritorio a hacer sus deberes del colegio. Un día que vi como un rayo de sol entraba por la ventana e iluminaba a Vera, pensé en que ella siempre tuvo razón, que todo iba a estar bien.

José Joaquín

Soy José Joaquín y publico mis relatos breves en Anecdotario.net desde 2004. Visitas y comentarios son muy apreciados.

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