Relatos, historias y cuentos - Moraleja
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El viento en el rostro

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Acostado en su cama, Roberto parece hipnotizado frente a la pantalla del celular. Es un domingo de primavera con clima agradable. Por la puerta de su cuarto se asoma Camilo, su hermano pequeño de seis años. ¡Vamos al parque! le dice entusiasmado. Roberto no se inmuta, está viendo un video.

El abuelo

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Con el paso del tiempo supe que no había nadie en el mundo a quien mi cumpleaños le hiciera tan feliz como a mi abuelo. Nunca falló en saludarme. De niño él llegaba muy temprano con su regalo que casi siempre eran pistolas de plástico que lanzaban dardos. Y yo salía de inmediato al jardín a matar a todos los malos, así como en las películas.

El jugador

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La primera vez que entré a un casino perdí todo el dinero que llevaba, que era poco, en las máquinas tragamonedas. Luego volví a ir y tripliqué lo que llevaba. Una tercera vez lo cuadripliqué. No volví a ganar igual pero el vicio ya lo tenía. La esperanza de ganar es lo último que se pierde. El casino a donde iba era un lugar agradable, sin frío y sin calor, con mujeres bonitas que te llevaban todas las bebidas que quisieras.

El premio

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Un día envié un mensaje de texto del celular para participar en un concurso de la televisión. Ya lo había hecho otras veces y no me había ganado nada, pero enviar un mensaje de texto no era costoso así que lo envié de nuevo. Gané cien quetzales y brinqué de alegría. Mis hermanos y mi mamá también lo celebraron, nunca nadie de nosotros había sido mencionado en la tele ni ganado nada.

El ladrón del vecindario

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No había descubierto algo que me apasionara y me hiciera sentir vivo hasta una mañana en la que ingresé a una casa vecina y robé algo de dinero y joyas. Me considero una persona normal. O eso creía, ya no estoy seguro. Mis padres siempre me quisieron y me apoyaron, tengo una carrera universitaria, un empleo y una buena esposa. Tengo también buenos amigos. No sé por qué me transformé en un ladrón de vecindario.