Relatos, historias y cuentos - Urbanos
Mostrando las entradas con la etiqueta Urbanos. Mostrar todas las entradas

El oficinista

Facebook Twitter WhatsApp

A Carlos le toca trabajar desde su casa por la pandemia mundial. Hace calor y está molesto por la bulla de sus hijos y los pendientes del trabajo. Su esposa tuvo que salir para una reunión mensual de su trabajo. Para descansar un poco del trabajo va a las redes sociales y es peor, mira a la gente cómo sale a la calle cuando el gobierno y el mundo aconsejan lo contrario.

El taxista

Facebook Twitter WhatsApp

Por el toque de queda hay pocas horas para trabajar y mucha competencia. Son las cinco de la mañana de un día domingo en plena pandemia. En el grupo de whatsapp de los taxistas todos empiezan a escribir. Casi todos dicen que está silencio.

El aniversario

Facebook Twitter WhatsApp

La empresa para la que trabajaba cumplía diez años de fundada. En ese tiempo el dueño había logrado hacerla crecer hasta tener una cartera importante de clientes y más de cien empleados. En la fiesta de aniversario todo se descontroló y estuvo a punto de acabar muy mal.

El jugador

Facebook Twitter WhatsApp

La primera vez que entré a un casino perdí todo el dinero que llevaba, que era poco, en las máquinas tragamonedas. Luego volví a ir y tripliqué lo que llevaba. Una tercera vez lo cuadripliqué. No volví a ganar igual pero el vicio ya lo tenía. La esperanza de ganar es lo último que se pierde. El casino a donde iba era un lugar agradable, sin frío y sin calor, con mujeres bonitas que te llevaban todas las bebidas que quisieras.

Lo que importa es lo de adentro

Facebook Twitter WhatsApp

La verdad es que la gente prefiere que le mientan. La gente no quiere la verdad, prefiere la ilusión o la fatalidad porque entretienen más. Hay que mentir pero hay que saber hacerlo bien. Les voy a contar la historia de cómo llegué a tener dinero y ser respetado sin tener que trabajar tanto. La vida es aburrida, poco emocionante. Mi juego siempre ha sido aprovecharme de eso, de que la gente siempre le va a creer más a quien prometa más, a quien mienta más y a quien mienta mejor.

El oficinista desaparecido

Facebook Twitter WhatsApp

Un día de tantos desapareció Joaquín, un empleado de la oficina. Hacía bien su trabajo, era puntual y ninguno le conocía ningún vicio. Estaba casado, tenía dos hijos e iba a la iglesia. Un tipo normal, un tipo promedio. Dejó de llegar a la oficina un miércoles sin decir nada y ninguno prestó mayor atención, hasta que la esposa preocupada llamó para preguntar si sabíamos algo de él.

El tráfico a casa

Facebook Twitter WhatsApp

A diferencia de muchos a mí me gustaba el tráfico en temporada de lluvia. El tráfico pesado es una especie de limbo en el que tus problemas se detienen; tu objetivo es salir de él y cuidar de no tener un accidente. También era el único espacio de tiempo en el que no peléabamos con mi ahora ex mujer. A veces hasta lográbamos platicar cordialmente.

El encerrado

Facebook Twitter WhatsApp

Supe desde el principio que eran temores infundados e intenté redefinir mi concepto de realidad. La realidad, mientras crees que estás en peligro aunque no lo estés, es diferente a la realidad verdadera. Pero no deja de ser realidad para vos, no deja de tener un cierto aire de verdad, tan creíble que te lleva a tomar decisiones. Llevo cinco años recluido en mi casa, sin salir más que al jardín o a la puerta. Estoy seguro de que si salgo a la calle, alguien me matará.

La película de mi vida

Facebook Twitter WhatsApp

Una tarde de domingo encendí la televisión y busqué una película. Encontré una protagonizada por un par de actores desconocidos y me quedé viéndola. Tenía tareas domésticas pendientes, pero decidí hacer caso a la pereza y me preparé unos poporopos y los acompañé de una gaseosa. En la película de la tele pasaba lo que se espera de las películas, y todo hubiera sido normal si no fuera porque –de alguna manera misteriosa–, estaba repitiendo mi vida, casi suceso por suceso.

El empleado de centro comercial

Facebook Twitter WhatsApp

Conseguí un empleo en un quiosco en el que se vendían celulares y accesorios. Era en un centro comercial de moda. Había rebotado de trabajo en trabajo haciendo lo que cayera. Cuando me dieron el empleo pensé que todo iba a ser de una manera muy diferente. En los centros comerciales todo parece muy bonito pero muchas veces por dentro está podrido.

La pasajera desconocida

Facebook Twitter WhatsApp

Un viernes después de una semana cansada en la oficina fui a traer a mi mujer. Había un tráfico intenso y yo tenía dolor de cabeza. Me estacioné en la calle frente al edificio en donde trabajaba y apenas distinguí su uniforme y su silueta quité el seguro de la puerta del copiloto. Entró, nos dijimos hola y arranqué. Estaba tan agotado que me pareció que era una sombra la que entraba. Ella dijo que estaba muy cansada. Media hora después sonó el celular; era el número de mi mujer. Hasta entonces me di cuenta de que no era mi esposa a quien llevaba conmigo.

Café a las seis de la tarde

Facebook Twitter WhatsApp

Nuestras citas consistían en reunirnos en un macdonalds que quedaba cerca de la oficina. Elisa trabajaba en un edificio cercano al mío y para evitar el tráfico de regreso a casa platicábamos con un café de por medio. La conocí en un seminario de informática y ahí supimos que trabajábamos cerca uno del otro y yo propuse reunirnos al día siguiente. Se volvió costumbre el café a las seis de la tarde y era aburrido cuando ella no aparecía. A veces le proponía que al pasar el tráfico en lugar de ir a casa, fuéramos a algún motel.