Archivo de: Septiembre, 2004
El pervertidor
La primera y última vez que fui a ver una película pornográfica al cine, esperaba encontrarme con espectáculo tanto en la pantalla como en el público: me imaginaba que abundaban las parejas que iban saciar su apetito carnal por el placer de hacerlo en público. Eran los últimos tiempos de los cines del comercial Montserrat, que con esas funciones estaban dando los últimos estertores de vida. Contrario a lo que manda la ley, la función empezaba a las 7 de la noche y yo dispuse llegar a las 7:15, no fuera ser que me encontrara con gente que veía en la misa de los domingos. Pagué mi boleto y entré.
Lo más común es que en los cines uno entre por atrás de los asientos, pero en esta sala la cosa era al revés y uno tenía que pasar enfrente de todo el mundo para buscar su lugar. Entré lo más rápido posible, y me encontré con un tres chavos que se quedaban viendo desde el pasillo, porque no se atrevían a entrar y pasar enfrente de todos. Después de que pasa la ceguera inicial, uno empieza a ver a su alrededor cuando no hay acción en la pantalla. Por más que busqué no encontré a ninguna pareja que diera espectáculo, pero sí dos chavas que decían ay qué chish cuando había sexo oral. Las muchachas habían sido inducidas al pecado por un sonriente cuate con gorra de los rojos y uniforme de Paiz.
—Mirá, mirá hombre, para eso vinistes —le dice el chavo calientón a una de las mujeres.
—No —dice la muchacha tapándose los ojos—, ¡qué asco!
—¡Qué cochina! —dice la otra— ¡y se lo está tragando!
Y aunque ponían sus caritas de asco, se vieron la película hasta el final, ante los reojos lujuriosos que a cada tanto les lanzaba el pervertidor suertudo.
Es mejor preguntar antes
Cierta vez, el equipo de fútbol Municipal fue a México a disputar un encuentro amistoso. Uno de los que iba en el viaje era el entonces juvenil Guillermo “El Pando” Ramírez. El Pando hacía por primera vez un viaje al vecino país del norte. En uno de los lugares a los que fueron a comer, la mesera le preguntó:
—Su gaseosa, ¿con popote o sin popote?
—Sí, échele un poquito —respondió el Pando.
De Gratis
A mi sobrino Kevin lo pusieron a estudiar en el Don Bosco, donde estudiamos la secundaria su papá y yo. Mi hermano hizo cuentas, y salía mejor pagarle su bus de ida y vuelta, que ir a dejarlo y a traerlo todos los días.
El primer día de clases, Kevin salió con su mochila y se montó alegremente al bus. Al regreso del colegio, le contó muy contento a su mamá: ¡Mama, la camioneta es gratis, no me cobraron ni cuando me fui ni cuando me vine!
El rapto
No me costó nada tomar la decisión. No me importan los convencionalismos hipócritas de la sociedad acerca del matrimonio. Los padres de ella se oponían rotundamente a nuestra relación y fueron demasiado lejos cuando le prohibieron verme. Los viejos suelen olvidarse de lo que hicieron de jóvenes, y quieren que sus hijos sigan reglas que ellos mismos no siguieron.
Estuvimos de acuerdo en hacerlo el domingo, cuando sus papás salen al supermercado para hacer las compras de la semana. Pero el día del rapto no había modo que salieran los viejos impertinentes. Estuve esperando la señal por más de hora y media, hasta que por fin sus viejos salieron rumbo al super. Todo esto no lo podía haber hecho solo, y por eso llamé al Pedro, al chori, al negro y al chino, que siempre me hacen huevos para todo. Ellos serían los cómplices de este delito contra las buenas costumbres. El negro puso su pick-up, el chori era el encargado de vigilar y echar aguas por si se les ocurría a los rucos regresar, el Pedro y el chino me ayudarían a cargar las chivas. En medio de las chingaderas de costumbre empezamos a cargar los vehículos (el pick-up del negro y mi carcachita modelo 82) para consumar nuestro plan y llevarme a mi princesa para mis dominios.
Quince minutos después de empezar a cargar, un carro se estacionó enfrente de la casa. El chori entró corriendo para dar la alerta, se miraba muy preocupado y tenía una cara como de que ya nos jodieron. Cuando salimos a ver la Chabela y yo, respiramos aliviados, porque eran visitas para los vecinos a quienes saludamos cordialmente. Susto el que nos pegaron. No más terminamos de vaciar el cuarto de la Chabela, nos montamos en los carros y caminamos alegremente dos cuadras, hasta que se quedó parado el carro del negro, porque al muy bruto se le había terminado el combustible. Tuve que tragar un poco de gasolina para pasarle del mío y seguir la ruta. Justo cuando dimos la vuelta a la esquina, los papás de Isabel iban llegando, y nos miramos ella y yo con una sonrisa cómplice y triunfal.
Llegamos a mi casa de soltero e hicimos una pequeña fiesta durante el resto del domingo, y apagamos los celulares durante los siguientes tres días. A la mañana siguiente, cuando salí para el trabajo, la dejé dormida en nuestra cama nupcial que era un colchón tirado en el suelo. Y por primera vez en la vida, me sentí completo y acompañado.
De Guatemala a Guate…
El Chepe Quincho y yo, Walter, sabedores del impacto mundial que tiene este bloc (estamos en el puesto 528 muchá, ya sólo nos faltan 527), hemos decidido afrontar como los machos un problema nacional que nos tiene muy preocupados.
El problema es que la mara que no es chapina a veces dice esa frasecita desgraciada de De Guatemala a Guatepeor. Hay varias versiones de esa frase, aunque sigue siendo la misma onda. Hasta hay algunos cuates que dicen que deberíamos cambiarle nombre a Guatemala, pero no muy que me convence esa idea.
Al cvander (quien se me figura pariente de Highlander), por ejemplo, se lo dijeron en España y el alfa lo vio en ESPN. Es peligroso que se siga globalizando esa frase. Imagínense cuántos turistas dejan de venir cuando oyen eso, deben de ser miles.
Es por eso que la mara que escribe este bloc (oséase el Chepe Quincho y yo) se propuso terminar con esa frase. Por lo tanto decretamos:
Que a partir de este momento, queda prohibido pensar, decir o escribir la frase “De Guatemala a Guatepeor” en cualquiera de sus variaciones, esté presente o no un guatemalteco. Esta ley tendrá validez en todo el universo.
Listo, ya está arreglado muchá, ahora ya nadie dirá esa frase. Esta fue una contribución más de su Anecdotario amigo.
Feliz día de la Independencia.
Sexo y cigüeñas
El niño José Joaquín está platicando con su amigo Henry Chivalán en un colegio de Guatemala:
Henry: — ¿Vos sabés cómo se hacen los bebés?
José Joaquín (un poco avergonzado): — Yo no. ¿Y vos?
Henry (muy ufano): — Sí, mi tío me explicó cómo era la cosa. Eso de las cigüeñas es mentira, se lo dicen a los niños para entretenerlos.
José Joaquín (avergonzado sí, pero ahora interesado): — ¿Y cómo es la cosa pues?
Henry (en tono didáctico): — Los bebés se hacen por medio del beso. El hombre transmite sus espermatozoides a la mujer a través de la saliva. Cuando los espermatozoides llegan al estómago de la mujer encuentran el óvulo. Lo fecundan y de allí sale el bebé.
José Joaquín (decepcionado): — ¿Y eso es todo?
Henry: — Sí. Mi tío sabe bien de esto porque es doctor.
José Joaquín se queda con la duda de qué jodidos es espermatozoide y óvulo, pero no se atreve a preguntar más. Los dos niños acuerdan jugar fútbol antes de que se termine el recreo.
Liberación
Golpes, gritos, maltratos y desprecios fueron su trato hacia mí. No supe irme a tiempo, debí haberlo dejado desde la primera vez. Pero hoy, cuando trajo para la casa a aquel niñito que me miró con ojos suplicantes, no pude contenerme. Ya era demasiado. Tomé la 38, y como tantas otras veces lo había ensayado, le apunté a la frente. Se rió de mí y dijo (como las otras veces) que no me atrevería. Apreté el gatillo, pero el arma no disparó. Su carcajada sonora y burlona, la tuve que apagar con 27 cuchilladas.
Plan B
Creo que cualquier hombre que se precie, debe tener un plan B. Porque cuando el plan A falla o no está caminando bien, debe hacerse un alto y replantear la cosa. Mi plan A consistía en hacer pisto, principalmente para comprar todos los libros y CD’s que se me antojaran y para viajar por el mundo. Pero resulta que en el camino aprendí a tocar instrumentos andinos y me distraje totalmente de mi objetivo inicial. Más recientemente, escribo en blogs y es la misma cosa. Y además me he dado cuenta de que no sirvo para hacer dinero, soy un desastre total. Por más que me he leído muchas historias tipo Newsweek: “Fulanito de Tal ingresó en 1992 a la empresa X y logró un incremento de ventas del 20% anual, mediante prácticas de Benchmarking y Calidad Total”.
Ya estoy harto, y es hora de ir al plan B. Este consiste en algo fácil: conseguir una vieja solterona y con dinero. Ya sé que a vos que leés esta página no te parecerá correcto, pero es mi decisión y qué. Eso del matrimonio por amor es una mentira total, y si no, que lo digan los casados. La gente se casa por evitar la soledad o con fines puramente sociales o reproductivos. Me imagino que ha de ser bonito tener hijos, pero la desventaja para nosotros los hombres es que no nos podemos embarazar. Porque si pudiéramos, a la hora que nos agarre la gana de tener un patojo, llamaríamos a una mujer y la invitaríamos a unas noches de placer, hasta quedar embarazados. Y luego, desapareceríamos. Esa es una de las injusticias de la naturaleza.
Pero bueno, me estoy empezando a salir del tema. Volvamos al plan B. Para conseguirme una vieja ideal, debo hacer una base de datos con las características mínimas: cuentas jugosas en dólares, solterona tímida, pocos familiares. Luego viene la segunda fase, que es una exploración de campo: estudiar los principales defectos y cualidades, las actividades favoritas y el círculo social.
Después deberé de hacer cálculos y gráficas de regresión lineal múltiple para correlacionar las principales variables. Por último escoger de 3 a 5 candidatas que hayan punteado mejor según los parámetros escogidos, y empezar el ataque. Me parece válido aplicar el método científico también en estos casos. No me puede fallar, consigo la vieja, me caso y tendré pisto.
Entonces, ya con dinero, seré feliz.
El fútbol es el opio del pueblo
Hice una cola de dos horas y media para obtener el boleto al partido Guatemala vrs. Costa Rica. Llegué al estadio tres horas y media antes del comienzo del encuentro. Estuve bajo la lluvia y el sol. Estoy afónico, tengo quemaduras de sol en la cara y los brazos, dolor en las piernas por la saltadera y un morete por un golpe fortuito con otro aficionado. Pero estoy feliz porque ganamos.
Me alegra saber que soy pueblo.
Muting
Deberían inventar un control remoto que ponga en muting a los famosos indeseables. Pero un muting total, para que ya no se le aparezcan a uno en la tele, ni en la radio, ni en los periódicos. Por ejemplo, al hacerle muting total a Bush, en los espacios televisivos donde debiera aparecer, saldrá nuestro video favorito. Si sale en la radio, pasarán nuestra canción preferida. Y si sale en el periódico, en su lugar aparecerá un cuento de Augusto Monterroso.
Después de descansar un rato del famoso impertinente, le podemos quitar el muting, sólo para saber qué dice.
