Archivo de: Septiembre, 2005
Habitantes de la Tierra
Hace algún tiempo José era un hermoso niño de cinco vivarachos años. Una noche antes de dormir, su papá se sienta en la cama de él a platicar. José no parecía tener sueño. De repente, le pregunta a su papá: “papa, ¿cuántos habitantes tiene la Tierra?”. Papá se sorprende de la pregunta, y como no sabía el dato, le contesta que no sabe.
Después de dejarlo dormido, papá le comenta a mamá la curiosa pregunta del patojo. Papá pensaba que para un chirís que apenas cuenta hasta diez, el dato no iba a tener sentido. Mamá se la toma en serio, y recomienda a papá buscar la respuesta para satisfacer la curiosidad del niño. En ese entonces la cosa no estaba tan fácil como ahora que sólo tenés que ir a Google.
A los dos días, papá trajo la respuesta: 3,000 millones de habitantes.
José Joaquín escuchó sin inmutarse y respondió serio:
—Esos son los vivos, ¿y los muertos?
[Para los que vienen de Google: la Tierra tiene 6,500 millones de habitantes. Mas información aquí.]
Cosas que te pueden funcionar
Hay varias cosas que funcionan. Hacerte la víctima de algo o de alguien siempre te va a atraer simpatizantes que te defiendan, porque siempre quieren creerte, no me preguntés por qué, pero quieren creerte. Podés escoger a la sociedad como victimaria, y en especial a áquel cura que en secundaria te obligaba a rezar el padrenuestro. Cuál fue tu sorpresa -le dirás a la mara- al descubrir que Dios no existe y que mucho menos podía ser cristiano.
Leer más »
Si me muero, ¿vos llorás?
Esa frase se la he repetido desde siempre a mi mamá. Ella, según su estado de ánimo, puede contestar con frases como “por supuesto mijo”, “poquito nomás” (leve carcajada incluida), “tal vez”, “a lo mejor”. A algunos amigos les digo cuando estoy enfermo (como ahora que tengo laringitis) que me voy a morir y que los invito a mi entierro, porque mientras más gente llegue —les digo—, será más alegre. Algunos me dicen que van si va a haber cafecito y si me muero viernes o sábado, a lo que contesto que con mucho gusto.
Leer más »
Intentémoslo otra vez
En estos momentos usted está frente a la pantalla de la computadora y ha caído aquí por las casualidades de Google o por algún link de otra página o porque usted siempre vuelve por aquí a ver si este su servidor que promete ser un buen blogger (los escritores son un rollo muy aparte y yo con esos nada que ver), al fin cumple con un buen post. Y estará con la mano en el mouse esperando que yo cometa el mínimo herror, que cometa una falta de ortografía o que coloque una coma mal, puesta o que deje algo.
Leer más »
Problemas tenísticos
Mi amigo R se compró unos zapatos tenis, coquetos y baratos. Luego yo pasé por una tienda y vi unos que me gustaron y los compré sin pensarlo mucho. Y resultaron ser iguales a los de mi amigo R (no sé qué cosa tendrá eso de poner sólo la inicial del nombre de tu amigo (costumbre de algunos bloggers buenos y otros malos (cosa que no tiene necesariamente que ver con la forma de escribir)), tal vez sería mejor llamarle Pancracio en lugar de sólo R). Bueno, les decía, Pancracio tiene unos zapatos tenis igual a los míos, pero yo los compré después. Ya se los había visto antes de comprar yo los míos, pero no me recordé de ello cuando los vi en la tienda.
El problema es que a R, digo Pancracio, por razones musicales, lo veo todos los fines de semana. Y entonces resulta que no puedo usar los míos cuando me voy a juntar con Pancracio, porque se mira mal eso de no ser original y tener zapatos iguales. Pero pienso en cuántos cientos o miles de gentes también compraron el mismo estilo de zapatos y andarán ahí por la calle creyendo que son originales. Lo más probable es que ellos no tengan un amigo Pancracio que tenga esos zapatos y pueden entonces salir libremente con sus zapatos el fin de semana, no como yo, que tengo el inconveniente de Pancracio.
Tal vez debería de cambiar de ambiente social, pienso. Sería bueno establecer relaciones sociales diferentes a las que tengo y aprender más. Porque la vida es una escuela donde nunca se termina de aprender (nótese mi clara influencia Coelhística).
Pero luego pienso que no, que no me interesa realmente alejarme de la música (aún con todo el amateurismo que tenemos en el grupo, y que en ocasiones ofende a los muy exquisitos, justo como pasa a veces con esta página). Por ese amor a la música, me he resignado —no sin pesar— a no usarlos, y a esperar, pacientemente, a que Pancracio deje de usar los suyos. Me parece una buena solución.
