El viento en el rostro

Acostado en su cama, Roberto parece hipnotizado frente a la pantalla del celular. Es un domingo de primavera con clima agradable. Por la puerta de su cuarto se asoma Camilo, su hermano pequeño de seis años. ¡Vamos al parque! le dice entusiasmado. Roberto no se inmuta, está viendo un video.

El pequeño Camilo insiste, y entonces Roberto se enoja y le dice que salga de su cuarto. El pequeño sale decepcionado.

Camilo no se da por vencido y le pedirá a su mamá que lo lleve los columpios del parque. Su mamá también mira el celular en su cama, sonriendo al último video de Facebook que acaba de ver. ¿Qué quieres cielito? Quiero ir a los columpios parque, mami. Mi amor, ahorita no tengo ganas de salir, dile a tu papi, ¿sí?

El pequeño sale al patio en donde se encuentra su papá limpiando el carro, su actividad favorita del domingo. Con música vieja del siglo pasado en el radio del carro, se mira muy afanado. No puede ir ahora, le dice a Camilo, tiene que terminar de limpiar el carro aparte de que está en sandalias y short y sucio. El niño le dice que si puede ir solo. Preguntale a tu mamá, dice el padre, mientras sonríe por el último meme del Whatsapp.

Camilo entra de nuevo en la casa y va con su mamá, que ahora ha cambiado el gesto y está muy preocupada por el avance del coronavirus en el mundo, justo acaba de recibir un mensaje de Whatsapp que dice que los gobiernos mienten y la situación es mucho más grave de lo que se piensa. ¿Puedo ir solo al parque, mami? No corazón, sos chiquito y te pueden golpear, hay gente mala por todos lados. Dile a tu hermano que te lleve.

Cuando hay frío le dicen que no se puede salir y cuando hay calor también. Y cuando no hace frío ni calor no le hacen caso.

El pequeño Camilo quisiera tener un teléfono como los demás, pero quiere ir a los columpios de parque. No tiene ganas de ver tele, y se sienta en el jardín de la casa a cantar solo. Está un poco triste porque nadie le hizo caso pero se le pasa luego y con un carrito y un par de muñecos crea una historia fantástica que lo entretiene.

Sucede entonces que se va la luz y con ella el wifi. Roberto no tiene datos y sale de su cuarto a preguntar qué ha pasado. Mamá le dice que se fue la luz. Roberto entonces le dice a Camilo que lo llevará al parque. Camilo sonríe y en su sonrisa está toda la felicidad del mundo. Salen los dos hermanos y mamá los escucha y les pide que la esperen.

En el parque hay gente, niños sobre los columpios, jóvenes con celular. Mucha gente ha salido porque no hay luz. Unos minutos después sale también papá.

Es una tarde agradable, Camilo siente el viento en el rostro y ríe con su hermano que lo empuja en el columpio. Parece que al fin la familia se ha puesto a tono con la tarde que hace.

Mucho tiempo después, pasada la adolescencia y buena parte de la juventud, además de un divorcio, Camilo recordaría aquella tarde y el viento en su rostro y a mamá y a papá y a Roberto. Les dice por el chat familiar que los quiere mucho y Roberto le contesta que qué le pasa. Es también un domingo de primavera de clima agradable.

Camilo propone almorzar el próximo domingo. Roberto le dice que no sabe si podrá porque le toca trabajar. Papá dice que no quiere manejar, mamá le dice que no sabe si le dará tiempo por sus compromisos de la iglesia. Camilo les dice que él llevará comida a casa de sus padres y que Roberto lleve a sus hijos, que no importa que lleguen aunque sea tarde.

Y cuando Camilo sale de su apartamento y toma el carro el domingo de la reunión, el viento en su rostro le recuerda los columpios del parque y sonríe y en su sonrisa cabe toda la felicidad del mundo.