Archivo de: Diciembre, 2005

Lo mejor del 2005

Este es el último post del año. Muchas gracias por la sintonía y la empatía. Ojalá todos se la pasen bien en las fiestas y engorden y se emborrachen y sean felices. Regresamos a nuestra programación habitual en enero del 2006. Les mando correo electrónico cuando publique si se apuntan aquí a la par, abajito, donde dice “Historias en tu email”.

Preparé una selección de posts de este 2005, espero les guste (hacer clic en el título para leer):

¿McDonald’s contra el Mundo?
Las mujeres son traicioneras (sugerido por Oscar)
El sufrimiento del automovilista principiante
Mosquito en la pantalla
El indolente
Cómo convencerse de la verdad
A ver cómo sería la onda
Homo Sapiens 2.0
Si me muero, ¿vos llorás?
Las mamás buenas deben creerle a sus hijos
La importancia de saber virar a la derecha
Santa Claus vrs. Reyes Magos (sugerido por Juan-Antonio)

Si alguien cree que falta algún post de su preferencia, me avisa en los comentarios y lo agregamos.

También pueden leer Lo mejor del 2004.

Blogfans

Una amiga mexicana me contaba el caso de un blogger demasiado exitoso, que quiso abandonar el blog agobiado por los fans. Era su amigo y vivía enfrente de la casa de ella, en un suburbio del DF. Como cualquier otro ejecutivo de mediana tabla, con conexión a internet y un poco de tiempo de ocio, badboy (ese era su nick) descubrió el mundo de los blogs y decidió poner el suyo. Lo único que quería era escribir ficción fácil para relajarse. “El blog al menos tendrá un lector que se divierta: yo mismo”, decía en uno de sus primeros posts.

El blog pasó sin pena ni gloria durante un año, pero luego del primer aniversario el número de visitantes empezó a crecer demencialmente.

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Switch

Era mediodía y las tripas estaban protestando, así que pasé a una gasolinera a comer un hotdog. Cuando salí del carro se acercó un viejito a venderme flores, le hice señas de que no quería y entré en la tienda a pedir mi hotdogito. Me estaba comiendo el hotdog cuando un cuate que había entrado antes que yo, se volteó de su mesa y me regaló una pepsi sin destapar, ya no me la voy a tomar, buen provecho, me dijo. Se la recibí algo extrañado, pero la abrí porque ya me había terminado mi coca, me tomé la mitad, me acabé el hotdog y salí. Al arrancar el carro, el viejito se acercó nuevamente y me ofreció otra vez las flores. Cuando lo ví pensé, “algún día de repente, quién quita, voy a estar como este viejito, con parkinson leve y vendiendo flores para sostenerme”, y acepté, busqué el dinero y le pagué. Cuando le dí el vuelto y se fue, me quedé pensando en cómo ese cliente de lentes al que le acababa de vender las flores me recordaba a mí cuando era joven. Ahora voy a comprarme un hotdogito, que las tripas están protestando.

Morado

Muy temprano por las mañanas, se levanta la morenita de la esquina. Se asoma a la ventana y mira a la casa de enfrente, donde está su príncipe azul, a ver si ya se levantó y si está tomando el desayuno con periódico, como acostumbra. Siempre está lista para cuando él va a salir, pero no todas las veces sale al mismo tiempo para no darse color. Si salen al mismo tiempo, ella finge no verlo, sólo se acomoda los lentes y mira al suelo aparentando pensar en algo importante. El sólo la mira y piensa esta chava qué onda qué rollo y ambos caminan hacia su lugar de trabajo, en dirección contraria.

Ella no encuentra la manera de decirle, de abordarlo, de gritarle que está loca por él. Planea durante semanas la forma en que se lo va a decir, ensaya frente al espejo, habla con la Virgen de Fátima y le cuenta, pero cuando llega la hora y lo ve, le ataca una náusea maldita y le falta la respiración y empieza a sudar y se pone estúpidamente roja.

Un día de tantos, no lo ve desayunar. Debe estar enfermo, piensa. Se angustia a muerte cuando sale y ve al carro funerario arrancar frente a su casa, y corre detrás como poseída, con el corazón explotando en sus oídos, lo alcanza y lo hace detenerse. Y lo ve allí, a través de la ventanilla, con su rostro lloroso. Se acerca y él le cuenta que ha muerto su mamá, y ella al abrazarlo sin querer le da un cabezazo que le deja el ojo morado.

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