Por josejoaking | Diciembre 10, 2007
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En la sala de espera de un consultorio médico está sentada Eva, una guapa veinteañera que anda buscando marido. Es delgada, de pelo largo y de sonrisa pícara. Está pensando en la maldición que le echó su hermana menor al casarse antes que ella, ahora quién sabe si logrará marido antes de que la belleza la abandone y la gravedad tire para abajo lo que ahora está firme y en su lugar. La secretaria del consultorio le indica que puede pasar con el doctor Anleu, un médico joven y soltero al que viene a ver por segunda vez en el mes. Leer más »
Por josejoaking | Septiembre 3, 2007
Ayer a eso de las cuatro de la tarde, iba yo caminando por el Parque Central frente al Palacio Nacional, pensando en qué bonito sería verte y platicar con vos. Estaba haciendo un calor de la gran diabla por culpa de un sol quemante que en algún momento, no sé cómo, me dio de lleno en los ojos y me obligó a cerrarlos. En un instante el clima cambió y empezó a llover muy fuerte y cuando abrí los ojos, ya no era el Parque ni el Palacio, sino la calle frente a tu casa y me estaba mojando, entonces abrí la puerta, así como la abren ustedes, y entré. No se miraba a nadie por ningún lado, yo recordaba que me habías dicho que los miércoles tenías clases por la tarde, así que no estarías en casa. Pero entré, mojado como estaba, me asomé a la puerta de tu cuarto y ahí estabas vos, bien cuajada, como la bella durmiente de los cuentos. Leer más »
Por josejoaking | Agosto 20, 2007
Es una tarde gris en Barcelona. En su pequeño apartamento de soltero está Xavi, un ejecutivo de negocios en Internet que fue abandonado por la mujer de sus sueños, con una botella de whisky en una mano y en la otra el control remoto del estéreo donde suenan repetidamente los valses de Chopin. Se supone que hoy iba a trabajar temprano en el nuevo proyecto que le encomendaron, pero ya son las dos de la tarde y él sigue tirado en la cama. Lo llaman del trabajo insistentemente pero no contesta el móvil con la vana esperanza de que en la pantalla del aparato aparezca el nombre de ella en lugar del de su jefe. Leer más »
Por josejoaking | Agosto 6, 2007
El año pasado, en la entrada al Periférico por la Avenida Elena, apareció un día una ofrenda floral con la leyenda «Amor Eterno», al día siguiente una nueva, y al día siguiente otra. La gente que pasaba por el lugar se dio cuenta y se formaron dos bandos: los realistas, que esperaban que se acabara el amor eterno y los románticos, que esperaban ver nuevas flores todos los días. Leer más »
Por josejoaking | Julio 23, 2007
Siempre me ha costado hacer entender a la gente que me gusta estar solo. Si algunos ya desde adolescentes buscan una mujer para casarse o juntarse, allá ellos, será porque no tienen otra cosa en qué pensar o qué hacer. Me busqué siempre empleos en los cuales ganaba poco pero trabajaba sólo mediodía. Para qué más, yo sólo necesitaba el dinero para comer, vestirme y pagar el alquiler, yo solo, nada más. Me puedo pasar leyendo o viendo tele toda la tarde, o simplemente caminando por el centro o a veces por la Antigua. Eso es todo, si tengo algún dinero de más me meto al cine o compro algún libro. Leer más »
Por josejoaking | Noviembre 20, 2006
¿En qué estaría pensando esta desgraciada? ¿A qué venía ese email? ¿Por qué dejó pasar tanto tiempo para decirlo? Si no me quería lo debió haber dicho antes, ahora que la boda está cerca y ya la gente está invitada me lo viene a decir como si fuera un juego. Juan miró por la ventana la mañana gris y lluviosa que se asomaba desde la sexta avenida. Atendió de mala gana un par de llamadas de clientes y volvió a la computadora a leer el infame email. Leer más »
Por josejoaking | Junio 1, 2006
El martes de la semana pasada, fui a la agencia de SAT central y para el viaje decidí usar nuestra popular y democrática camioneta. Luego de hacer las diligencias que necesitaba hacer, tomé una camioneta número 82 que venía medio vacía para regresar a la oficina. Al nomás subir, vi una bella colegiala que estaba dormida en uno de los asientos, con la cabeza recostada en una de las ventanillas y el asiento que tenía a la par, vacío. Tez morena clara, pelo negro lacio y largo, puro de Head & Shoulders, una boquita apenas entreabierta, un maquillaje discreto y una naricita coqueta. Lo mismo podía pasar como guatemalteca o filipina. Vestía un uniforme azul de colegio, con la falda un poco más corta de lo normal. Parecía ser de los últimos años de secretariado o magisterio. Llevaba en sus piernas su mochila grande, repleta, que por lo menos tenía que pesar 25 libras. Leer más »
Por josejoaking | Diciembre 1, 2005
Muy temprano por las mañanas, se levanta la morenita de la esquina. Se asoma a la ventana y mira a la casa de enfrente, donde está su príncipe azul, a ver si ya se levantó y si está tomando el desayuno con periódico, como acostumbra. Siempre está lista para cuando él va a salir, pero no todas las veces sale al mismo tiempo para no darse color. Si salen al mismo tiempo, ella finge no verlo, sólo se acomoda los lentes y mira al suelo aparentando pensar en algo importante. El sólo la mira y piensa esta chava qué onda qué rollo y ambos caminan hacia su lugar de trabajo, en dirección contraria.
Ella no encuentra la manera de decirle, de abordarlo, de gritarle que está loca por él. Planea durante semanas la forma en que se lo va a decir, ensaya frente al espejo, habla con la Virgen de Fátima y le cuenta, pero cuando llega la hora y lo ve, le ataca una náusea maldita y le falta la respiración y empieza a sudar y se pone estúpidamente roja.
Un día de tantos, no lo ve desayunar. Debe estar enfermo, piensa. Se angustia a muerte cuando sale y ve al carro funerario arrancar frente a su casa, y corre detrás como poseída, con el corazón explotando en sus oídos, lo alcanza y lo hace detenerse. Y lo ve allí, a través de la ventanilla, con su rostro lloroso. Se acerca y él le cuenta que ha muerto su mamá, y ella al abrazarlo sin querer le da un cabezazo que le deja el ojo morado.
Por josejoaking | Septiembre 20, 2004
No me costó nada tomar la decisión. No me importan los convencionalismos hipócritas de la sociedad acerca del matrimonio. Los padres de ella se oponían rotundamente a nuestra relación y fueron demasiado lejos cuando le prohibieron verme. Los viejos suelen olvidarse de lo que hicieron de jóvenes, y quieren que sus hijos sigan reglas que ellos mismos no siguieron.
Estuvimos de acuerdo en hacerlo el domingo, cuando sus papás salen al supermercado para hacer las compras de la semana. Pero el día del rapto no había modo que salieran los viejos impertinentes. Estuve esperando la señal por más de hora y media, hasta que por fin sus viejos salieron rumbo al super. Todo esto no lo podía haber hecho solo, y por eso llamé al Pedro, al chori, al negro y al chino, que siempre me hacen huevos para todo. Ellos serían los cómplices de este delito contra las buenas costumbres. El negro puso su pick-up, el chori era el encargado de vigilar y echar aguas por si se les ocurría a los rucos regresar, el Pedro y el chino me ayudarían a cargar las chivas. En medio de las chingaderas de costumbre empezamos a cargar los vehículos (el pick-up del negro y mi carcachita modelo 82) para consumar nuestro plan y llevarme a mi princesa para mis dominios.
Quince minutos después de empezar a cargar, un carro se estacionó enfrente de la casa. El chori entró corriendo para dar la alerta, se miraba muy preocupado y tenía una cara como de que ya nos jodieron. Cuando salimos a ver la Chabela y yo, respiramos aliviados, porque eran visitas para los vecinos a quienes saludamos cordialmente. Susto el que nos pegaron. No más terminamos de vaciar el cuarto de la Chabela, nos montamos en los carros y caminamos alegremente dos cuadras, hasta que se quedó parado el carro del negro, porque al muy bruto se le había terminado el combustible. Tuve que tragar un poco de gasolina para pasarle del mío y seguir la ruta. Justo cuando dimos la vuelta a la esquina, los papás de Isabel iban llegando, y nos miramos ella y yo con una sonrisa cómplice y triunfal.
Llegamos a mi casa de soltero e hicimos una pequeña fiesta durante el resto del domingo, y apagamos los celulares durante los siguientes tres días. A la mañana siguiente, cuando salí para el trabajo, la dejé dormida en nuestra cama nupcial que era un colchón tirado en el suelo. Y por primera vez en la vida, me sentí completo y acompañado.