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Relatos, historias, cuentos - Gente

La reina

Doris era de jovencita una hermosa doncella que se moría por participar en la elección de reina de su pueblo, pero sus papás nunca la dejaron. Creció, se casó con un tipo de cejas depiladas y formas amaneradas por el que estaba loca. Sus amigos solían decir que algo había fallado en su medidor de masculinidad y de ahí el error. La oportunidad de ser reina, sin embargo, le llegó cuando estaba cerca los cuarenta, en la elección de reina de la empresa donde trabajaba.

La invasión de los nietos

Cuando los nietos de don Vitalio y doña Augustina llegan a casa, todo se trastorna. Rápidamente dominan todo el lugar, y de una apacible y silenciosa morada, que verá sus últimos días, pasan a gritos de los niños corriendo por todos lados, lloriqueos cuando se caen y se golpean, quejas porque los más grandes les pegan y restos de comida y juguetes por todos lados. La nieta más pequeña, por ejemplo, vino hoy con la novedad de que tenía un su cuco en la pierna derecha, del cual presumía ante sus abuelos.

Pastillas de cianuro

Agobiados por las penurias económicas, padre e hijo deciden suicidarse. Calcularon que con los seguros de vida que habían contratado, mamá podría pagar todas las deudas y continuar ayudando a la hija soltera en el cuidado del bebé que acababa de tener y que se merecía un futuro mejor que el que tenían ellos debido a sus irresponsables inversiones.

Mal espíritu

El sábado a la noche Esteban fue a la vigilia de la iglesia evangélica de su colonia. Se llevó al Pancho, su hijo de nueve años, quien no iba de muy buena gana que digamos. Panchito se durmió en la banca a eso de las diez de la noche, y Esteban —que había tenido un día agotador de trabajo y luchaba por no dormirse también— lo tapó con su chumpa de lona. Cuando terminó la ceremonia, al filo de la medianoche, Esteban se despidió de los feligreses y del pastor, y cayéndose del sueño se fue para su casa, buscó rápidamente su cama y se durmió al instante. Pero Panchito no iba con él.

Yo le vine a contar mi vida

Bonifacio (Bacho para los cuates) es un señor de 44 años que anda buscando trabajo. Llega a las entrevistas con su pelo crespo un poco alborotado, camisa manga larga a cuadros, pantalón pachuco, calcetines de rombos y mocasines apretados.

La muerte del Chato

Si hubiéramos sabido que el Chato se nos iba a morir en Xela, mejor nos hubiéramos quedado en nuestras casas todo el fin de semana viendo películas, fútbol nacional y fútbol español. Nos hubiéramos enterado de que el Chato se había muerto y habríamos ido a su funeral y habríamos moqueado en el entierro (porque el Chato era buena onda), y al final habríamos regresado a nuestras casas tranquilos, tristones, sí, pero tranquilos. Pero el viernes el Chato estaba necio que quería ir a un concierto de unos sus cuates rockeros en Xela y además que iba a visitar a una su tráida allá. Que sí hombre muchá, nos decía el Chato, que va a estar chilero, vénganse, yo pongo el carro, no me quiero ir solito porque muy aburrido, háganme la pala, nos quedamos en la casa de mi tío Luis que ahora está desocupada. Y sí dijimos nosotros y nos fuimos con el Chato. En el carro fuimos oyendo el CD del Buena Vista Social Club con ese montón de viejitos cantando música cubana, chico. Íbamos bien alegres echándonos

La cola del banco

Si vas al banco el día de pago cuando saliste tarde por culpa de López el contador, y necesitás el pisto para invitar a la chava de la recepción que al final de las cansadas te aceptó un cine, seguro encontrás que la cola sale del banco y termina a mitad de la cuadra. Resignado hacés la cola y tenés que estar ojo al macho para que nadie se cuele y cuando llegás a la puerta le caés mal al policía, que te registra hasta los zapatos y te dice que no alegués porque sinó no te deja entrar. Y entrás y no hay sistema, esperás media hora rezando para que vuelva y parece que dios sí te hizo caso y vuelve, pero sólo faltan 25 minutos para que cierren el banco y todavía hay cola. La cola empieza a avanzar y todo parece ir mejor, está caminando y llega hasta tres turnos antes que vos pero sólo un cajero atendiendo. Y pasan dos de los tres y ya sentís un poco de alivio, porque ya con el pisto invitarás a la recepcionista —que te está esperando en el edificio—, que no es que esté tan rica que digamo

La venganza

Ester fue despedida por un error suyo en las cuentas que manejaba, error que despertó la desconfianza de su jefe y del dueño de la empresa. Ella sabía que era perfectamente comprensible porque su atenuante era demasiado inverosímil, aunque no por ello mentira. Su jefe la citó en su oficina y le explicó los motivos y hasta fue cortés y amable con ella, pero de todos modos no podía sentirse bien, quién puede en estos casos. Conteniendo las lágrimas salió de la oficina del jefe, arregló sus cosas delante de sus compañeros de trabajo y salió de la empresa. La tarde preciosa que la esperaba afuera le sirvió de consuelo, mientras en el camino a casa, en la misma camioneta 72 de todos los días, pensaba en quién diablos la iba a contratar ahora, la situación en Guatemala está jodida. Como siempre ha estado y estará.

Bodas

Ayer llegó una invitación de boda. Un par de tórtolos enamorados van felices al matadero, pobrecitos. Para dar una idea de lo colgados que están uno del otro, adjunto a la invitación llegó un recuerdo de la boda: una bolsita de tela dorada que contenía un CD con sus catorce canciones preferidas, acompañado de una tarjetita titulada Nuestros Temas y la lista impresa. Al parecer el nuevo matrimonio es fanático de Juan Luis Guerra, quien domina su Top 14 con cuatro canciones. Manu Chao, Andrea Bocelli, Bacilos y Phil Collins también están incluidos en el disco.

Las mamás buenas deben creerle a sus hijos

Una noche que regresaba del trabajo y venía aburrido, iba delante de mí, caminando por la acera, una señora algo gordita con bolsas de supermercado en las manos. De pronto la alcancé, pero como estaba caminando casi a la misma velocidad que yo, hubiera tenido que acelerar para rebasarla y no quise hacerlo porque me dio hueva. Así que caminamos juntos durante algunos metros, ella adelante, yo atrás.

Cosas que te pueden funcionar

Hay varias cosas que funcionan. Hacerte la víctima de algo o de alguien siempre te va a atraer simpatizantes que te defiendan, porque siempre quieren creerte, no me preguntés por qué, pero quieren creerte. Podés escoger a la sociedad como victimaria, y en especial a áquel cura que en secundaria te obligaba a rezar el padrenuestro.

Intentémoslo otra vez

En estos momentos usted está frente a la pantalla de la computadora y ha caído aquí por las casualidades de Google o por algún link de otra página o porque usted siempre vuelve por aquí a ver si este su servidor que promete ser un buen blogger (los escritores son un rollo muy aparte y yo con esos nada que ver), al fin cumple con un buen post. Y estará con la mano en el mouse esperando que yo cometa el mínimo herror, que cometa una falta de ortografía o que coloque una coma mal, puesta o que deje algo.

No al exceso de cita

A veces noto en columnistas de prensa y en blogueros más o menos inteligentes un exceso de cita a lo que otros han pensado. Y me viene a la mente lo que decía Confucio: “Lo que quiere el sabio, lo busca en sí mismo; el vulgo, lo busca en los demás.” Nada más cierto que eso. Parece que cuando no se les mueven las neuronas hay que acudir a lo que otros ya pensaron y simplemente citarlo y decir que estamos de acuerdo. Muy ilustrativo y adecuado el pensamiento de Freud: “Si dos individuos están siempre de acuerdo en todo, puedo asegurar que uno de los dos piensa por ambos.” Muchos en lugar de pensar por sí mismos acuden a gente que tiene algún tipo de autoridad y reconocimiento para que lo diga, evitándose la tarea de mover un poco el seso. Y luego, después de haber citado a otros cuates, los columnistas que se las llevan de pensadores creen haber hecho crítica, cuando lo único que han estado haciendo es repetir lo ya dicho antes. Sir Francis Bacon solía decir: “Quien no quiere pensar es u

A ver cómo sería la onda

Cuando pensé en escribir este post pensaba en si sería posible hacer una oración larga y que ésta fuera un solo post con tal vez unas 300 palabras seguidas sin puntos ni comas ni nada y ver si se lograba expresar una idea coherente o quizás simplemente le regale una rosa decía aquella canción cursi que no por cursi dejó de pegar y que obviamente sólo tenía intención de entretener y no como pretenden los intelectoides que piden peras al olmo y quieren que en la radio suene música inteligente y se quejan de la música pop pero al rato están bailando y cantando como locos en las fiestas de sus cuates en donde ya no importa lo inteligente sino la simple y llana chingadera que por otro lado no está mal porque es simplemente disfrutar sin preguntarse el por qué o para qué o para quién estamos trabajando me pregunto yo porque uno va al chance día tras día y no mira que alcance el pisto para comprarse aquel iPod del que tanto hablan los blogueros cool o para comprarse las obras completas de Cor

Cómo convencerse de la verdad

Convencerse de la verdad es una tarea harto difícil y requiere sinceridad, aplomo y vocación de masoquista. A veces es mejor vivir engañado porque esto nos protege de nuestras miserias, aunque es conveniente convencerse de la verdad de vez en cuando. Por ejemplo, cuando nos damos cuenta de que la que amamos ya no nos pela pero ni un poquito. Cuando descubrimos esa verdad, lo más probable es que nos digamos “no puede ser, es que no puede ser”, puesto que nosotros somos unos seres adorables y buenos partidos, qué mas quería esa desgraciada. Lo importante es tener en cuenta la regla infalible de que las mujeres siempre se van con alguien que no nos llega a los talones. Es decir, podrá tener mejor físico, pero jamás tendrá el intelecto que a nosotros nos distingue de los demás mortales. O viceversa, será un cerebrito, pero jamás nos soportaría una trompada a mano limpia. Contra lo que no se puede competir, es contra el dinero. Lo recomendable siempre es tener dinero. La estrategia para

Jerga familiar

Cada familia tiene sus palabras propias. Por ejemplo, el carro que va adelante y es algo antiguo y va lento es un tuztepito. Mi papá no es Joaquín, es Don Juaco o peor aún, Joaquicidio. Si yo estoy muy cansado estoy tuztepiciado. Mi sobrino-nieto no es Fernando, es el pequeñín. Si alguien está haciendo mucha bulla, está haciendo un relajicidio. Mi hermano no es Julio, es locatario y chambreman, entre otros. A veces no digo pobre, digo póbreto. Un niño perdido es un chiló o chilojito. A mi mamá no le digo mamá, le digo bizcabuelita. Mi hermana no se llama Miriam, se llama Miriana. Desde que nació la Paola mi sobrina, todas las niñas son Politas. Si alguien mezcla muchas cosas el resultado es un chirmolmix. El auto es un carrinto. Hay una cafetería que nunca existió que se llama Plansh-Plonsh. Antón Chejov, un escritor ruso, se apellidaba realmente Chicoj. Si algo se me olvidó, es porque ya estoy demasiado abuelito.

Las olas del estadio

Con la Gladis dispusimos ir al estadio el sábado para ver Guate contra Trinidad y Tobago. Como cosa rara, goleamos 5 a 1. Toda la mara en el estadio pensaba que nos habían cambiado a los jugadores. Pero no, eran los mismos pisados de siempre. El mismo Pando, el mismo Pescado Ruiz y el mismo Chalo. Al principio no tenía muchas ganas de ir porque la Gladis podía descubrir que yo soy una vaca para hacer las olas en el estadio. No le agarro la onda cómo es. Por más que el Chepe Quincho me explicó un cacho y hasta repasamos cómo hacerlo, yo sigo siendo mero mula para esas cosas.

El suicida

El lunes había tomado la decisión de suicidarme. Pero no como producto de una depresión severa o de alguna deuda o de alguna mujer desalmada que me hubiera traicionado. No. Simplemente la pura gana de llevarle la contraria a Dios, la naturaleza, el destino o como le llamen ustedes. ¿Cómo es eso que yo no puedo decidir cuándo acabar con esta vida (iba a decir de mierda pero mi vida no es de mierda)?

Las mujeres son traicioneras

Qué onda soy yo el Walter, que otra vez me ando por aquí jodiendo un cacho. La vez pasada les conté que la Yesenia malcabresta me estaba quemando la canilla con un carnicero rejodido. Pues para no darles mucha casaca, les cuento que la cosa tronó a mediados de diciembre, cerca de navidad, cuando una noche me los encontré trincándose en la calle. Yo me dije, Walter, esa chava no es para vos. Así que ya no volví por más, aunque ella me llegó a los dos días a la caseta donde vendo mis shucos a decirme que no era lo que yo pensaba y que yo era el que ella quería. Ah si pues, le dije, cómo se notaba cuando te trincabas con ese carnicero cerote. Andáte de aquí antes que te cachimbee como te merecés desgraciada. ¡Resbalosa! ¡falsa! ¡puta! Le grité para que toda la mara se enterara. Y la pisadita no tuvo más que irse a la chingada.

De médicos

Un médico comenta con un colega sobre la mala situación de su consultorio. —La situación está jodida vos, no llega la gente —se lamenta el médico. —Vos no te ahuevés, hacé lo que yo hice —contesta su colega con orgullo. —¿Y vos que hiciste pues? —Mirá, un día llegó una vieja de pisto con un su dolor en el estómago y yo le dije que era apendicitis y que había que operar de emergencia. Diez mil mangos de un solo mano. Uno tiene que ver cómo se las arregla.