La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida

Archivo de la categoría: Humor

El regreso del Walter

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Qué onda, soy el Walter, vendedor de shucos en la U, a mucha honra. Hace ya casi tres años el Chepe Quincho me invitó a escribir aquí, pero después se me puso envidioso y caquero y ya ni siquiera pasaba por mi humilde pero honrada caseta de hotdogs “El Chato”, el veintiúnico establecimiento que tiene guacamol extra. Hasta que el otro día se asomó y se comió como siempre un su pan con chorizo, pero sin chile. También se tomó su coca. Qué onda vos Chepelín, le dije, cuál es tu rollo. Me dijo que todo calidad y que el otro día alguien se había recordado de mí y que por qué ya no escribía en este bloc. Leer más »

Carta al lector

Desocupado lector:
Creo que sería mejor que dejés de leer el presente texto y te pongás a hacer algo productivo, como por ejemplo trabajar. No encontrarás en este sitio web algo que destaque porque muchas veces escribo tonterías, o muladas, como decimos aquí en Guatemala. Otras veces escribo historias más o menos entretenidas, pero de escaso o nulo valor literario, que no trascenderán ni dejarán huella, dada su ausencia de estilo y pretensión. Sin embargo, las publico, ya ves. Y la gente, por un extraño milagro, las lee y hasta le gustan. Leer más »

Llamar al silencio

Siempre me causó gracia esta frase que suelen usar los argentinos, porque automáticamente me imaginaba el siguiente diálogo:

—¡Silencio, vení para acá!

—Aquí estoy, para sevirle a usté y a Dios.

—Mirá Silencio, yo te llamaba para que te quedés en lugar mío porque yo estoy a punto de decir muchas muladas, es decir, más muladas de lo acostumbrado.

—Bueno, yo aquí me quedo. No tengás pena, tené cuidado, te vas por la sombra. Leer más »

Buenas nuevas

Tres de la tarde en una colonia mixqueña cercana al límite con la ciudad de Guatemala. Yo estoy calentando mi almuerzo en el microondas y llegando tarde al partido del Barça contra el Betis por la tele. Me entero de que va perdiendo el Barça por un gol cuando está iniciando el segundo tiempo del partido. Me siento a la mesa a comer y a esperar que el Barça empate o que por lo menos Ronaldinho haga una de esas de jugadas diferentes que le hacen ganar tantos millones pero que en el mundial ni señas dieron. La cosa no se mira bien para los blaugranas, entonces suena el timbre y pese a un extraño presentimiento contesto el intercomunicador, para mi maldición. Leer más »

Básicamente, esta sería mi opinión

Quisiera referirme a los últimos acontecimientos acaecidos recientemente. Primero que nada, o antes que todo, haré una breve introducción al respecto de mis observaciones, que como siempre serán banales y no contribuirán en nada a Guatemala, a diferencia de lo que se escribe en todos los demás blogs guatemaltecos. Sin embargo considero importante expresarlas aquí. Básicamente porque en otro lugar no sería lo mismo, por esa manía que todos tienen de que las cosas tienen que ser útiles o divertidas o afines con su pensamiento ideológico. Leer más »

El tesoro de Pie de Lana

Capítulos ( 1 - 2 - 3 - 4 - 5 y 6 )

UNO

—Estoy seguro que el tesoro de Pie de Lana está en la casa de doña Tina, la maestra. Todo será cuestión de convencerla para que nos deje hacer un par de hoyitos y sacarlo. Le tenemos que dar una su buena parte, porque ni modo que se quede sin nada. Pero te digo, ese tesoro está en joyas y oro, deben ser por lo menos un par de milloncitos de pesos —le decía el Tono al Tito en la cantina de doña Tona, después de acabarse el primer octavo de la tarde. Leer más »

La fiebre del Mundial

Lamentablemente para la gente culta que visita este blog, el autor ha sucumbido como todo el planeta a la fiebre del mundial Alemania 2006. Puede vérsele gritar los goles de sus equipos favoritos, resoplar cuando una pelota pasó cerca de la portería o corregir a los que no saben qué partidos se juegan en el día o cuál fue el marcador de los partidos de ayer. El autor sabe que debería estar haciendo algo para incrementar sus escasos emolumentos, pero la verdad, no le importa. Total, el mundial sólo se da cada cuatro años. Leer más »

Al margen de la ley

Yo soy un tipo más bien tranquilo, de modales correctos, que nunca se sale del libreto que marca la sociedad. Pero al cruzar el charco, nuevos aires me pegaron y quise hacer algo proscrito, algo prohibido, algo al margen de la ley y lucrar con ello. Cuando vine, noté que en las Ramblas se colocan algunos tipos con six-packs de cerveza para venderle a los amigos de la noche que pasean por ahí. Se colocan cerca de las entradas del metro, y si miran a un policía, entran corriendo a la estación y toman el metro para que se los lleve a la chingada, porque esa actividad está prohibida, como muchas otras cosas por aquí. Eso es lo que quiero hacer, me dije convencido. Ganar dinero al margen de la ley, correr peligro y retar a la autoridad. Ser un delincuente. Y entonces fui a un supermercado, compré la mercancía y salí en la noche por las Ramblas a cometer delito y beneficiarme económicamente. Hice un primer recorrido sin sacar las latas de la bolsa y luego, con el corazón explotándome en los oídos, saqué el six-pack y empecé a ofrecer cerveza. Me sentía triunfal, invencible y ya me hacía con los tres sucios euros que iba a ganar. Vendí una, y luego otra. Todo parecía funcionar, la adrenalina fluía a borbotones. Hasta que una mujer policía se acercó por detrás y abusivamente quiso tomar mi mercancía y me dijo “no, eso no, tío”. Yo no soy su tío ni usted es mi sobrina, quise decirle, pero la prudencia pudo más. Luego vino otro policía y me preguntó que qué hacía yo con eso, y le dije con falsa seguridad, casi cagándome y con la respiración que no me daba, que eran mías. Y el policía me dijo que disculpara, que si hubiera sido de otra nacionalidad…

Es una de las veces en que he querido más a Guatemala. Aunque lo más probable es que el poli pensara que soy mexicano. Para celebrar, me tomé las cuatro cervezas que me quedaron.

El locutorio del pakistaní

En Barcelona los locutorios (que no son cosas de locos, sino cafés internet) casi siempre son atendidos por pakistaníes que no entienden mucho de español. Parece que sólo les enseñan a decir “una hora un euro” y luego no te dicen por favor pase a la máquina seis, sino sólo te dicen “seis”. “Seis qué” le dije yo el primer día y el pakistaní de turno me miró angustiado con cara de a este cuate no le entiendo ni rosca, tratando inútilmente que sus neuronas procesaran el mensaje. Tranquilo pakistaní, le dije, me voy a la máquina seis porque supongo que eso querés, pero no me pongás cara de chucho regañado pues, que no es para tanto, aquí no estamos peleando. A la siguiente vez le dije que sólo quería media hora, que cuánto costaba. Pakistaní volvió a poner su cara de chucho regañado. Mirá pues pakistaní, le dije, si una hora un euro (asintió feliz por entender eso), media hora 50 céntimos, cin-cuen-ta cén-ti-mos pakistaní, ¿vale?, quiero decir ¿me entendés?, y pakistaní dijo que sí.

Media vez no te movás de esos parámetros, podés ingresar a internet tranquilo en cualquier locutorio. Pero ahora que no voy tanto con pakistaní, porque compré un paquete para internet ilimitado, veo que pakistaní me mira muy serio cuando paso enfrente de su local, porque sabe que estoy yendo a otra parte a internet. Así que para no sentirme mal ahora tengo que ir al menos media hora al internet con pakistaní y luego venir aquí, ya tranquilo, a escribir un post.

Otro avión que no se cae

De pequeño tenía la certeza de que moriría en un desastre aéreo o como víctima de fuerzas ocultas que tratarían de callar mi lucha por los más débiles. Pero como nunca he luchado por los más débiles, estoy seguro de que moriré en un accidente aéreo de proporciones mediáticas. Con esa idea tomé el avión que me llevaría desde México a Madrid, idea que corría el peligro de volverse realidad cuando el capitán del avión anunció que el vuelo se retrasaría por un “pequeño inconveniente” con el sistema de frenos. Al pequeño inconveniente tuve oportunidad de verlo por la ventanilla: unas paletas del ala derecha no se movían. Entonces pensé, teniendo a la muerte rondándome, debería reflexionar sobre el sentido de la vida, debería recordar todos los buenos momentos vividos. Dediqué un par de minutos a tal menester y me puse a dormir un poco. Luego de dos horas el capitán anunció que ya estaba resuelto el clavo y que en ese momento arrancaría el vuelo. Empieza la cuenta regresiva, pensé.

Empecé a pensar en cómo debería ser mi actitud cuando anunciaran que el avión se iba a estrellar contra el mar. Creo que es cuestión de tener una actitud digna, una resignación serena y algunas lágrimas para demostrar que somos humanos y que nos duele decir adiós a la Tierra. Como en cualquier desastre aéreo —seguía pensando—, seguro surje más de alguna vieja histérica que se ponga en shock. Debido a mi preparación psicológica para el momento, mi deber sería darle un par de cachetadas y decirle que debería estar agradecida con la vida porque ya había vivido bastante, que mejor mirara cómo ese niño de la derecha va tan sereno y ella tan grandota con histeria. Con este gesto muy probablemente llamaría la atención de la rubia chichuda que estaba dos asientos adelante del mío, que me sonreiría pensando “este cuate sí que tiene una actitud digna y resignación serena”, y yo me acercaría y le diría en inglés que si salíamos de esta que la invitaba a un café y ella diría que sí en español, porque estaría segura que nos moriríamos.

Luego medité sobre sobre la pregunta existencial clásica: ¿para qué estamos en este mundo? y después de algunos minutos de seria reflexión sin encontrar respuesta, me dormí. De todos modos de estrellarse el avión, la caída libre del aparato y los gritos de los pasajeros me despertarían. Y cuando desperté, todavía estaba allí. Si uno espera mucho la muerte, la cosa es aburrida, pensé.